Volver a Honduras, mujeres con menos ingresos y más ansiedad

Volver a Honduras, mujeres con menos ingresos y más ansiedad

Las mujeres migrantes que regresan a Honduras enfrentan un doble castigo: ganan menos que los hombres y cargan con mayores niveles de ansiedad e inseguridad económica, revela un informe reciente del BID.

Regresar a Honduras no marca el final del miedo ni de la incertidumbre para miles de mujeres migrantes. Al contrario. El retorno abre una etapa silenciosa y poco visible, donde la precariedad económica y la ansiedad se convierten en parte del día a día.

Un Informe de seguimiento sobre retorno y reintegración en Honduras, elaborado por el BID, revela que las mujeres retornadas ganan menos que los hombres y enfrentan mayores niveles de vulnerabilidad emocional, incluso cuando logran incorporarse al mercado laboral.

Mujeres: trabajo sin ingresos suficientes

Aunque buena parte de las personas retornadas logra trabajar en los primeros meses, el informe confirma que las mujeres reciben ingresos significativamente más bajos.

Más preocupante aún: una proporción considerable declara no percibir ningún ingreso en el último mes tras su retorno.

María, de 29 años, regresó a Comayagua luego de ser deportada cuando intentaba reunirse con su familia.

“Trabajo limpiando casas cuando me llaman. Hay semanas que gano algo, pero hay meses que no entra nada. Uno vuelve pensando que al menos va a sobrevivir, pero a veces ni para eso alcanza”, relata.

El empleo femenino tras el retorno es mayoritariamente informal, inestable y sin protección social, lo que limita cualquier posibilidad concreta de independencia económica.

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Madres que regresan solas

El informe del BID muestra además que las mujeres retornadas tienen con mayor frecuencia hijos en Honduras.

Esto incrementa la presión económica inmediata. Volver no es solo buscar trabajo, sino hacerlo cuidando, sosteniendo y resolviendo, muchas veces sin redes de apoyo suficientes.

Ana, madre de dos niñas, volvió a Tegucigalpa tras casi dos años fuera del país. “Mis hijas se quedaron aquí. Cuando regresé pensé que iba a estar con ellas y que todo se iba a acomodar. Pero el dinero nunca alcanza y eso desespera más que estar lejos”, confiesa.

Ansiedad: la herida que no se ve

Más allá del dinero, el informe evidencia un impacto profundo en la salud mental de las mujeres.

Una de cada tres personas retornadas presenta niveles moderados o severos de ansiedad.

Esta situación se agrava en contextos de inseguridad alimentaria y falta de ingresos estables.

Cerca del 70% de las personas encuestadas manifestó preocupación por no conseguir suficientes alimentos, una carga emocional que golpea con más fuerza a las mujeres, responsables principales del sustento familiar.

El retorno no es neutral

Los datos confirman que el retorno no afecta a todos por igual. Para las mujeres, volver a Honduras significa menos oportunidades laborales, más pobreza y mayor desgaste emocional.

El propio informe advierte que, sin políticas públicas diferenciadas que reconozcan estas desigualdades, la reintegración seguirá siendo incompleta y frágil, empujando a muchas mujeres a considerar una nueva migración como única salida.

Hoy, miles de mujeres vuelven. Trabajan menos, ganan menos y viven con más ansiedad. El retorno, para ellas, sigue lejos de ser un nuevo comienzo.

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