Trump reactiva la doctrina Monroe y eleva la presión sobre América Latina

Expertos de México, El Salvador, Honduras y Estados Unidos coinciden en que la estrategia de Donald Trump marca un giro duro en América Latina.

Las recientes decisiones de la administración de Donald Trump en América Latina, marcadas por Venezuela, la presión sobre México y un discurso centrado en seguridad, migración y narcotráfico, no son hechos aislados.

Así coinciden expertos en seguridad de México, El Salvador, Honduras y Estados Unidos, quienes advierten que Trump está redefiniendo su política hemisférica bajo una lógica más dura y explícita.

Las lecturas convergen en una idea central: Washington decidió volver a mirar a América Latina como un espacio estratégico prioritario, con implicaciones directas sobre soberanía, cooperación en seguridad, militarización y política interna.

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América Latina y la doctrina Monroe, reeditada en el siglo XXI

En este punto, las visiones se complementan. Para Óscar Vizcaíno, exsecretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de México y consultor en seguridad y justicia, no se trata de improvisación, sino de un reordenamiento del poder estadounidense.

“Más que una nueva política hacia América Latina, estamos viendo un ajuste duro de los instrumentos tradicionales de poder de los Estados Unidos, como el Congreso y la Corte Norteamericana”, explica a tunota.com.

Vizcaíno observa una reinterpretación moderna de la doctrina Monroe, ahora orientada a contener nuevas influencias globales.

“En el siglo XXI busca frenar el avance de China en el hemisferio americano y también de proyectos políticos de izquierda o inspirados en Rusia”, dice el exsecretario de Seguridad mexicano.

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Desde El Salvador, la investigadora Celia Medrano coincide en el fondo, pero lo expresa con mayor contundencia.

“Es una nueva edición de la doctrina Monroe: la aseveración de que América Latina es el patio trasero de los Estados Unidos”, afirma.

Medrano señala que esta lógica se refleja en una cadena de presiones. “La acción en Venezuela, la amenaza hacia México, hacia Groenlandia, apunta a autoridades danesas y hacia países no alineados al trumpismo, como Brasil con el gobierno de Lula, responden a esta misma lógica”.

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Venezuela como mensaje y advertencia regional

Los expertos coinciden en que Venezuela funciona como un mensaje ejemplar. Vizcaíno sostiene que demuestra la capacidad de intervención directa de Estados Unidos. “Es un mensaje de máxima presión”.

Tiziano Breda, analista senior para América Latina y el Caribe en el Proyecto de Localización de Conflictos Armados y Datos de Sucesos (ACLED, por sus siglas en inglés) refuerza esta lectura.

“América Latina es reconocida como un área estratégica para la defensa y la seguridad nacional de Estados Unidos”, analiza.

Esa condición explica, señala, una actitud más proactiva e intervencionista que la aplicada en otras regiones.

“Mientras se predica la no intervención en otros contextos, en América Latina se observa una política orientada a favorecer fuerzas políticas alineadas con la Casa Blanca”, señala.

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Seguridad, narcotráfico y un giro hacia la militarización

Desde Honduras, el analista Kenneth Madrid coincide en que la política exterior estadounidense atraviesa un giro profundo durante este segundo mandato de Trump.

“Durante mucho tiempo América Latina estuvo olvidada por Estados Unidos y ese abandono trajo muchos perjuicios, especialmente por la migración”, indica.

Madrid considera que ese descuido explica la nueva postura. “Producto de ese abandono hoy hay problemas estructurales y por eso vemos esta redefinición de la política hacia la región”.

Subraya que el enfoque no se limita a migración, sino que incorpora con fuerza drogas, crimen transnacional y seguridad hemisférica.

“Vemos acciones militares que están fuera del marco tradicional de la cooperación. Hay un discurso distinto basado en la seguridad del Hemisferio Occidental para combatir el narcotráfico”, menciona.

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Narcoterrorismo y presión regional

Madrid advierte que la narrativa estadounidense introduce un concepto clave: el narcoterrorismo.

“Las estructuras del narcotráfico están siendo catalogadas como terroristas, y eso presiona mucho más”, expresa.

Desde su análisis, las operaciones en el Caribe y la captura de Nicolás Maduro responden a esta lógica: “Se crea presión sobre otros regímenes que están en contra de Estados Unidos”.

En este punto, su visión dialoga con la de Breda, quien alerta sobre una mayor disposición al uso unilateral del poder militar, incluso contra actores no estatales.

“Trump ha dicho que está considerando ataques contra los cárteles en México”, recuerda el analista de ACLED.

México: cooperación, rechazo y presión persistente

México aparece como pieza central en todas las lecturas. Vizcaíno subraya que su frontera, la migración, el fentanilo y los cárteles lo colocan en el centro de la agenda de Washington, aunque aclara que el riesgo no es automático si hay reglas claras.

“La soberanía no se pierde con la cooperación, se pierde cuando los Estados no pueden cumplir sus funciones básicas”, dice Vizcaíno.

América Latina
La mirada de Donald Trump sobre México simboliza la presión persistente de Estados Unidos en materia de seguridad y narcotráfico, entre la oferta de cooperación y el rechazo a una intervención directa. Imagen creada con IA.

En cambio, Celia Medrano advierte que México es uno de los objetivos inmediatos tras Venezuela. “Vendrá una nueva situación que puede convertirse en detonante migratorio en 2026”.

Desde Honduras, Kenneth Madrid coincide en que la presión continuará. “Estados Unidos va a seguir insistiendo y presionando porque quiere una postura fuerte en la región”.

Recuerda que el apoyo ofrecido por Trump para atacar a los cárteles lo rechazó México por considerarlo intervención extranjera, pero no descarta que la insistencia persista.

Impacto político interno

Los expertos coinciden en que la nueva postura de Estados Unidos no solo tendrá efectos en la seguridad regional, sino también en la dinámica política interna de los países latinoamericanos.

Para la investigadora salvadoreña Celia Medrano, esta estrategia empujará a sectores del poder político a adoptar posturas de alineamiento.

“Las élites políticas estarán orientándose hacia una posición servil frente a las autoridades de Estados Unidos”, advierte, aunque anticipa que también surgirán iniciativas que rechacen una línea injerencista.

Desde México, Óscar Vizcaíno añade un elemento clave: el impacto polarizador del discurso estadounidense en torno a la soberanía.

“El mensaje que envía el presidente Trump puede generar una mayor polarización interna en los países latinoamericanos, entre quienes tratan de generar intereses de toda índole bajo el concepto de soberanía”, señala.

Vizcaíno explica que ese concepto comienza a ser utilizado de forma instrumental dentro de la política interna.

“Empiezan a vestir el concepto de soberanía conforme a sus propias pretensiones políticas: unos para resistir, otros para justificar ya sea la acción o la inacción. Entonces, creo que puede, sin duda, generar polarización”.

Este escenario, advierten los expertos, abre un terreno fértil para tensiones internas que pueden redefinir agendas políticas, alianzas y discursos en la región.

Un nuevo tablero regional

Las opiniones de expertos de México, El Salvador, Honduras y Estados Unidos coinciden en que América Latina enfrenta una redefinición profunda de su relación con Estados Unidos, marcada por presión estratégica, militarización del discurso de seguridad y tensiones crecientes sobre soberanía.

Más que una coyuntura, advierten, se trata de un nuevo tablero regional cuyos efectos políticos, migratorios y de seguridad apenas comienzan a manifestarse.

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