sequía segura, pero sin desastre como el de 2015

Expertos llaman a prepararse con datos y no con miedo ante un fenómeno que sí impactará en el 2026.

En Honduras, donde cada temporada climática se vuelve una apuesta contra la incertidumbre, la advertencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) llega con un mensaje incómodo: habrá sequía en 2026, pero no el desastre que se menciona con El Niño.

Lejos del ruido mediático, los especialistas piden bajar el volumen al pánico y subirle a la planificación.

El fenómeno de El Niño está en camino, sí, pero su intensidad aún se está definiendo y, por ahora, la evidencia no apunta a un evento catastrófico.

“Hasta ahora, el promedio de los modelos indica que el calentamiento podría alcanzar alrededor de 1.5 grados centígrados, es un Niño fuerte, sí, pero no extremo como el de 2015-2016”, explica el meteorólogo de la UNAH, Josué Mejía, apoyado en datos de organismos internacionales como la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA).

El fenómeno de El Niño de 2015-2016 es recordado como uno de los tres más intensos registrados desde que se tiene constancia (junto con los de 1982-83 y 1997-98), ganándose el apodo de “El Niño Godzilla”.

Para la región centroamericana, el 2015 fue particularmente devastador debido a la prolongación de la canícula. El déficit de lluvia destruyó gran parte de las cosechas de granos básicos (maíz y frijoles), lo que elevó los precios de los alimentos y aumentó la vulnerabilidad de las familias rurales en Honduras, El Salvador y Guatemala.

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El Niño: no es si habrá sequía, sino cuánto dolerá

Si algo está claro, no admite debate: cuando llega El Niño, la lluvia se reduce. Y en un país como Honduras, donde el campo sigue dependiendo del cielo, eso no es un dato técnico, es una advertencia directa.

“Siempre que hay un fenómeno de El Niño, hay sequía, la pregunta no es si va a ocurrir, sino qué tan severa será”, insiste Mejía.

Los modelos no proyectan, por ahora, una caída extrema de precipitaciones como en eventos pasados.

Pero sí anticipan menos agua, lluvias irregulares y un comportamiento impredecible que golpeará con más fuerza a regiones ya vulnerables, como el Corredor Seco.

Ahí, donde la tierra ya viene cansada, cada grado de temperatura y cada día sin lluvia pesa el doble.

El Niño
Entre la tierra que se agrieta y la planificación que intenta anticiparse: el reto no es el miedo, es prepararse para menos agua. Foto creada con IA.

Menos agua, más presión: el verdadero riesgo

El impacto no se quedará en el campo. Según el hidrólogo de la UNAH, Max Ayala, el país enfrentará una cadena de efectos que van desde el retraso de las lluvias hasta una extensión de la temporada seca.

“Vamos a tener menos lluvias, un posible retraso en el inicio de la temporada lluviosa y una extensión de la época seca”, advierte.

Eso significa cosechas en riesgo, calendarios agrícolas que deben reajustarse y un margen de error cada vez más estrecho para productores que ya operan al límite.

Pero también significa presión sobre el sistema energético. Con menos agua en los ríos, la generación hidroeléctrica pierde fuerza y el país se ve obligado a recurrir a fuentes más caras, mientras el calor eleva la demanda eléctrica.

Prepararse o improvisar: esa es la verdadera decisión

El fenómeno llegará, eso no está en discusión. Lo que sí está en juego es cómo Honduras decide enfrentarlo.

Aún hay margen para actuar: ajustar siembras, mejorar la gestión del agua, planificar el uso energético y, sobre todo, escuchar a las fuentes oficiales.

“El fenómeno va a impactar, eso es seguro, pero debemos prepararnos con datos, no con miedo”, resume Mejía.

Porque en un país donde cada sequía deja cicatrices, el problema no es que venga El Niño y el problema es llegar tarde, otra vez.

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