¿por qué declaró alerta roja por sequía?

Unos 25 mil quintales de maíz y frijol se perdieron y 300 reses murieron. La emergencia comienza a golpear la economía de La Libertad.

En La Libertad, Francisco Morazán, la sequía dejó de ser solamente un problema del clima. Ya golpea la comida, los ingresos de las familias y una economía local que depende en buena medida de lo que produce la tierra.

Primero dejó de llover, después comenzó a secarse la tierra. El maíz y el frijol no respondieron como esperaban los productores y ni siquiera el riego consiguió salvar parte de la cosecha.

Luego el golpe alcanzó los potreros: menos agua, menos pasto y ganado muerto. Ese es el escenario detrás de la decisión del alcalde Wilson Oyuela de declarar alerta roja por sequía en el municipio.

No solo son campos secos, las cifras que presentó el edil dibujan un problema mucho mayor: la cosecha de primera sufrió pérdidas del 100 %, más de 1,000 productores se afectaron y unos 25,000 quintales de maíz y frijol dejaron de producirse.

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La Libertad y 25 mil quintales que nunca llegaron

La dimensión de la pérdida se entiende mejor al convertir los porcentajes en comida. Según Oyuela, la sequía acabó con aproximadamente 15,000 quintales de maíz y 10,000 quintales de frijol.

Los granos básicos que estaban destinados no solamente al consumo de las familias productoras, sino también al movimiento comercial hacia los mercados de Nacaome.

La cosecha de primera, prácticamente desapareció. El alcalde sostiene que incluso hubo pérdidas en parcelas donde los productores tenían sistemas de riego.

Esa es una señal de la severidad que, según la municipalidad, alcanzó la falta de agua. Son más de 1,000 productores que sembraron esperando cosechar y ahora enfrentan un escenario completamente distinto.

alcalde La Libertad

De la sequía al plato de 1,500 familias

Aquí aparece el dato que explica por qué La Libertad decidió encender la alerta roja. Alrededor de 1,500 familias ya enfrentan dificultades para acceder a alimento.

La cadena es sencilla y dura: si no llueve, cae la producción; si no hay cosecha, disminuyen los alimentos disponibles para autoconsumo y venta.

Pero la agricultura no es la única golpeada, la falta prolongada de lluvias secó fuentes de agua y frenó el crecimiento de los pastos utilizados para alimentar al ganado.

El resultado, según las cifras proporcionadas por el alcalde, es la muerte de aproximadamente 300 cabezas de ganado.

Es otro golpe económico para las familias rurales: mientras los agricultores perdieron maíz y frijol, los ganaderos comenzaron a perder animales.

¿Qué cambia con una alerta roja?

La declaratoria busca elevar el nivel de respuesta ante un problema que, según las autoridades municipales, ya produjo daños y requiere intervención.

La municipalidad instaló una mesa técnica con representantes del Gobierno y organismos de respuesta y solicitó apoyo de instituciones como la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) y Copeco.

La prioridad ya no es solamente observar cuándo regresará la lluvia, sino atender a quienes perdieron la cosech.

Porque existe otro riesgo detrás de los 25,000 quintales perdidos: un productor que pierde todo también se queda sin dinero para volver a sembrar.

Lo dijo alcalde de Curarén

La emergencia ya toca otros municipios

La alerta encendida en La Libertad no es la única señal de que la sequía comienza a cobrar factura en el sur de Francisco Morazán.

En Curarén, el alcalde Franklin Cruz Videa también advierte de una emergencia alimentaria después de que el municipio perdiera, según sus estimaciones, el 100 % de los cultivos de granos básicos.

Allí el problema avanzó un paso más: Cruz Videa aseguró que las fuentes utilizadas para consumo humano se agotan y que hay habitantes que deben levantarse durante la madrugada para conseguir agua.

La asistencia alimentaria entregada meses atrás por el Programa Mundial de Alimentos contuvo parcialmente el golpe, pero, de acuerdo con el alcalde, esos recursos son insuficientes frente a una emergencia que avanza.

La Libertad y Curarén muestran así dos caras de una misma crisis: en un municipio se cuentan miles de quintales que nunca llegaron a los mercados.

En el otro, hay familias esperando la madrugada para buscar agua. Mientras las evaluaciones nacionales continúan, en estas comunidades la sequía ya dejó de medirse por la ausencia de lluvia.

Ahora se mide por lo que falta en las parcelas, en las reservas de agua y en la mesa.

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