Migrantes hondureños resisten el frío y la nostalgia en México en Navidad

Migrantes hondureños resisten el frío y la nostalgia en México en Navidad

Entre albergues saturados, cuartos improvisados y calles inhóspitas, cientos de migrantes hondureños pasaron la Navidad en México.

La Navidad de este año no llegó con luces ni abrazos para cientos de migrantes hondureños en tránsito por México.

Llegó, en cambio, con frío, silencio y una nostalgia que se coló en los pasillos de los albergues y en los cuartos rentados por días.

Lejos de sus hogares, las familias celebraron como pudieron, aferradas a recuerdos de comidas, villancicos y fuegos artificiales que esta vez solo existieron en la memoria.

Migrantes en la frontera norte

En la frontera norte, especialmente en Ciudad Juárez, muchos migrantes intentaron independizarse, pero la realidad los empujó de vuelta a los albergues.

Sin documentos legales, el empleo y la vivienda resultaron inalcanzables. Espacios como Pan de Vida volvieron a llenarse con familias que regresaron tras agotar sus ahorros y opciones.

Allí, la Navidad fue una cena sencilla y compartida, más cercana a la resistencia que a la celebración.

La conversación giró en torno a trámites, citas que no llegan y la pregunta que se repite: ¿qué sigue?.

De interés: Migrantes ruegan ser ‘invisibles’ para los agentes de ICE en esta Navidad

Políticas que cierran puertas

La incertidumbre se agravó por las medidas migratorias impulsadas por Donald Trump, que endurecieron los cruces y redujeron las posibilidades de solicitar asilo.

Para quienes aguardaron una oportunidad en la frontera, las fiestas se vivieron con el peso de decisiones que no controlan y plazos que se alargan.

Lida Reyes, hondureña y madre de tres hijos, resumió el sentir de muchos: la Navidad fue tristeza por la ausencia.

Recordó las comidas especiales y las tradiciones de su tierra, pero en México dijo, lo urgente fue “mantener la esperanza” y proteger a los niños del desánimo.

Sur del país: esperar en Tapachula

En la frontera sur, en Tapachula, la espera también se hizo más pesada. Desde el Servicio Jesuita a Refugiados explican que estas fechas intensifican la carga emocional.

Son largas filas para regularizar la situación, hacinamiento y recursos limitados. Muchos migrantes, hondureños, cubanos y centroamericanos, coinciden en que diciembre acentúa la distancia y la carencia.

Así transcurrió la Navidad para quienes siguen en tránsito: sin certezas, pero con pequeños gestos que sostienen.

Un plato caliente, una oración colectiva, un mensaje de voz desde Honduras. No fue la Navidad soñada, pero fue, para muchos, la confirmación de que resistir también es una forma de celebrar la vida mientras el camino continúa.

Lea también: Migración 2025: menos caravanas, más expulsiones silenciosas hacia Honduras

Leave a Comment