¿La peor legislatura? Lo que dicen los datos del Congreso de Redondo

La presidencia de Luis Redondo en el Legislativo arrastra una percepción ciudadana negativa. El análisis permite evaluar si esa fama tiene sustento.

La presidencia de Luis Redondo en el Congreso Nacional carga con una etiqueta repetida en la calle y en la conversación pública: “La peor legislatura”.

No es solo un juicio político. La percepción se alimentó de imágenes poco habituales en el pasado reciente: curules vacías, sesiones suspendidas y negociaciones fallidas que se extendieron por meses mientras afuera crecía el cansancio y la desconfianza ciudadana.

Pero los datos de Monitoreo Legislativo 2022–2025 de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), con base en Ley Orgánica del Poder Legislativo y datos oficiales del Congreso Nacional, nos dan una radiografía de la gestión.

Entre 2014 y 2022, Mauricio Oliva presidió el Congreso Nacional durante dos legislaturas consecutivas. Fue un período marcado por control político férreo, sesiones regulares y alta producción normativa, aunque con opacidad, dispensas de debate y pactos partidarios.

Con la llegada de Luis Redondo en 2022, ese control se rompió. El Congreso no solo cambió de liderazgo, sino de dinámica: el conflicto dejó de resolverse internamente y pasó a paralizar al pleno.

Pero una percepción necesita datos para sostenerse. Durante la actual legislatura, el Congreso solo cumplió el 35 % de las sesiones que la ley obliga, con apenas 147 días sesionados de 419 posibles entre 2022 y 2025.

En contraste, durante la presidencia de Oliva, aunque no siempre con calidad de debate, el Congreso sí sesionaba con regularidad, permitiendo aprobar leyes incluso en contextos de crisis política.

Con Oliva hubo cuestionamientos por cómo se legislaba; con Redondo, por no legislar durante largos períodos.

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Luis Redondo y la parálisis legislativa

El documento identifica un estimado de 395 días de parálisis legislativa en la gestión de Redondo, provocados por disputas políticas clave:

Elección de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Fiscal General, Fondos del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), presupuestos electorales y procesos preelectorales.

Durante la era Oliva hubo crisis y protestas, pero no una paralización acumulada de esa magnitud, lo que explica por qué la percepción ciudadana actual es más severa.

Redondo

Productividad: volumen antes, bloqueo ahora

Entre 2022 y 2024, el Congreso aprobó solo el 18 % de las iniciativas presentadas. El Poder Legislativo tuvo una efectividad de apenas 12 %, frente a un 90 % del Ejecutivo.

Bajo Oliva, la productividad era alta en números, pero concentrada en:

  • dispensas de debate,
  • aprobación acelerada,
  • agenda controlada por mayorías.

Oliva producía más leyes, aunque cuestionadas; Redondo produjo menos por falta de consensos.

Cada día sin sesiones no fue solo una estadística. Para la población significó retrasos en decisiones clave, incertidumbre electoral y la sensación de que el Congreso estaba más concentrado en sus disputas que en responder a las urgencias del país.

Gasto: continuidad sin corrección

Entre 2022 y 2025, el Congreso ejecutó más de L 5,900 millones, con altos montos en salarios, viáticos, subvenciones y fondo social.

Estas prácticas ya existían con Oliva, pero la diferencia es que no se corrigieron, pese al discurso de cambio con el que llegó la nueva directiva.

Pendientes que no arrastró Oliva con igual impacto

El documento señala deudas específicas de la actual legislatura:

  • incumplimiento sostenido del calendario legislativo,
  • retrasos en presupuestos electorales,
  • falta de reformas electorales,
  • ausencia de una nueva Ley Orgánica del Poder Legislativo,
  • mantenimiento del fondo social y subvenciones sin regulación estricta.

Bajo Oliva, estos procesos se resolvían con acuerdos políticos; bajo Redondo, quedaron empantanados.

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Entonces, ¿fue la peor?

Comparada con los ocho años de Mauricio Oliva, la legislatura presidida por Luis Redondo no es la más costosa ni la más opaca, pero sí la más paralizada, la menos productiva y la que más incumplió el calendario legal.

La mala fama del Congreso de Redondo no surge del vacío. A diferencia del pasado reciente, el control político ya no garantizó funcionamiento.

El resultado fue un Legislativo caro, bloqueado y con deudas institucionales visibles. Más que “la peor”, esta legislatura expuso con crudeza un modelo que, cuando deja de operar por acuerdos, simplemente se detiene.

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