
Nueve años después, la masacre en velorio de Mirador de Oriente sigue siendo una herida abierta: hombres encapuchados irrumpieron en una despedida.
La masacre en velorio comenzó con una pregunta que nadie supo o pudo responder.—¿Dónde está El Chino?— gritaron.
Eran cerca de las once de la noche y una humilde casa de la colonia Mirador de Oriente estaba llena.
Se velaba a Iván Ramírez, cobrador de buses, asesinado horas antes. Había rezos, niños dormidos en sillas, madres en silencio y un ataúd al centro. Entonces llegaron ellos: encapuchados, armados, decididos a matar.
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Masacre en velorio: irrupción armada en plena despedida
Al menos 15 hombres encapuchados entraron de golpe. Lo primero fue el control: celulares arrebatados, puertas cerradas, gritos secos.
Separaron a hombres de mujeres y niños. Nadie entendía qué estaba pasando, pero todos sabían que no era un asalto común.
Los disparos no tardaron. Sonaron dentro de la casa, junto al féretro, contra cuerpos que no tuvieron tiempo de huir. La masacre en velorio se consumó sin distinguir edades, vínculos ni luto.
Cuatro personas murieron en el acto. Una más falleció horas después en el Hospital Escuela Universitario (HEU). Otros quedaron gravemente heridos, luchando por respirar, por vivir, por entender por qué.
Niños vivos por azar
Testigos relataron que en medio del caos unos 20 niños fueron dejados con vida. No hubo explicación. No hubo lógica. Solo azar.
Algunos adultos lograron escapar escondiéndose donde pudieron: un gallinero se convirtió en refugio contra las balas.
Durante 25 minutos, según los sobrevivientes, la violencia se adueñó de la vivienda. Nadie llegó. Nadie intervino. Cuando el silencio volvió, el suelo estaba cubierto de sangre y cuerpos inmóviles.
Las víctimas
Las víctimas mortales de la masacre en velorio fueron:
- Andrés Medina, 19 años
- Carlos Ponce, 17 años
- Juan Gabriel Guillén, 18 años
- Juan Fernando Gómez, 16 años
- Marlon Alfredo Rodríguez, fallecido posteriormente en el HEU
Los heridos: con disparos en pecho, cuello, abdomen y hombros, fueron trasladados de emergencia. Algunos apenas sobrevivieron.
Iván Ramírez, el joven al que se despedía, fue atacado dos veces: primero asesinado y luego su ataúd recibió disparos. Ni muerto lo dejaron descansar.
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Masacre en velorio, una escena que no se borra
Cuando los encapuchados se fueron, los sobrevivientes salieron de sus escondites. Buscaron a los suyos. Gritaron nombres. Encontraron cuerpos.
Los equipos de socorro trasladaron a los heridos. Medicina Forense recibió a los muertos. En la casa, solo quedaron la madre y la tía de Iván Ramírez, velándolo otra vez, ahora en silencio absoluto.
Hasta un perro fue alcanzado por las balas. Nueve años después, la masacre en velorio de Mirador de Oriente sigue viva en la memoria colectiva de Honduras.
No por cifras ni por titulares, sino por la crudeza de lo ocurrido: hombres armados entrando a una despedida; niños salvados por azar; familias marcadas para siempre.
La pregunta que abrió aquella noche —¿Dónde está El Chino?— nunca tuvo respuesta pública. Pero el eco de los disparos, el miedo y el duelo siguen ahí, recordando que en Honduras hubo una noche en que ni la muerte se respetó.