Más de 200 evidencias y testimonios clave sellan uno de los golpes judiciales más contundentes contra estructuras criminales.
La mañana del 10 de febrero de 2026, en los Juzgados de Jurisdicción Nacional de San Pedro Sula, comenzó a definirse el destino judicial de una célula vinculada a la MS-13, capturada días antes durante la Operación Trueno-DLCN-SPS.
Ese día, el Ministerio Público expuso ante el tribunal una carga probatoria construida durante meses: seguimientos, vigilancias, decomisos, testimonios y diligencias especiales que revelaron el funcionamiento interno del grupo.
No se trataba de un expediente improvisado. Era el resultado de una investigación diseñada para desmantelar, pieza por pieza, una red dedicada al tráfico de drogas agravado y otros delitos de alto impacto.
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MS-13, el auto de formal procesamiento que deja a siete tras las rejas
Un día después, el 11 de febrero, el órgano jurisdiccional notificó su resolución: auto de formal procesamiento con prisión preventiva para siete de los diez imputados.
Los procesados por tráfico de drogas agravado fueron:
- Walther Antonio Flores Rodríguez
- Jesús Alberto Rapalo Martínez
- Elmer David Urrea Álvarez
- César Bladimir Martínez Isidro
- Richer Bernabé Murillo Munguía
- Walter Geovany Castillo
A ellos se sumó Abraham Josué Rosales Matute, acusado por depósito de armas de fuego, municiones y explosivos, también bajo prisión preventiva.
Según el tribunal, existían suficientes indicios racionales de participación en actividades criminales, conforme al artículo 312 del Código Penal.
La resolución marcó un punto de inflexión: el caso dejó de ser una investigación en curso para convertirse en un proceso judicial sólido.

Más de 212 indicios: el peso de la evidencia
Uno de los elementos clave fue el volumen y diversidad de las pruebas. Durante la audiencia, los fiscales presentaron más de 212 indicios, entre ellos:
- Drogas decomisadas
- Armas de fuego y municiones
- Indumentaria vinculada a actividades ilícitas
- Álbumes de caletas
- Registros fotográficos
- Declaraciones testificales
- Informes de vigilancia
- Diligencias especiales de investigación
Entre las pruebas documentales presentadas, destacó una serie de fotografías extraídas durante la investigación, en las que uno de los implicados aparece portando una gorra con las siglas de la DEA, un elemento que, según los fiscales, evidencia el nivel de exposición, confianza y osadía con la que operaba la estructura, convencida de que estaba fuera del radar de las autoridades.
Este cúmulo probatorio permitió reconstruir cómo operaba la estructura: sus rutas, puntos de almacenamiento, roles internos y mecanismos de protección. No eran piezas aisladas, sino fragmentos de un mismo rompecabezas criminal.
La columna vertebral del caso
Más allá de los objetos decomisados, el tribunal valoró especialmente los testimonios de investigadores y las diligencias técnicas. Agentes especializados detallaron:
- Cómo se detectó el movimiento de drogas
- Quiénes coordinaban las entregas
- Dónde se ocultaban los cargamentos
- Qué funciones cumplía cada integrante
A esto se sumaron informes periciales y documentación fotográfica, entre ellas imágenes en las que uno de los detenidos aparece portando una gorra de la Drug Enforcement Administration (DEA), un elemento que fue incorporado como parte del contexto investigativo.
Estas pruebas permitieron al Tribunal establecer, en esta fase procesal, la existencia del delito y la presunta participación de los imputados.

Tres imputadas con sobreseimiento provisional
No todos los acusados corrieron la misma suerte. El tribunal decretó sobreseimiento provisional a favor de:
- María Dinora Castellanos
- Brenda María Moradel
- Ingrid Yohana Flores
La resolución indica que, en esta etapa, no existían elementos suficientes para sostener una acusación firme en su contra, sin que ello implique un cierre definitivo del caso. El expediente permanece abierto para ellas.
Golpe estructural a una red organizada
Este proceso judicial no apunta únicamente a individuos, sino a una estructura criminal con capacidad logística, armada y financiera.
Las investigaciones revelaron:
- Uso de caletas
- Manejo sistemático de drogas
- Almacenamiento de armas
- Redes de información interna
- Coordinación territorial
Todo ello refuerza la tesis de que no se trata de delincuencia común, sino de crimen organizado con vínculos y planificación.
Para las autoridades, este caso representa uno de los expedientes más completos presentados en los últimos años contra estructuras vinculadas a pandillas.

Un precedente en la lucha contra las pandillas
La resolución judicial envía un mensaje claro: cuando las investigaciones se sostienen con evidencia técnica, testimonios y seguimiento profesional, los procesos avanzan.
La prisión preventiva impuesta a siete imputados vinculados a la MS-13, refleja el nivel de riesgo procesal y social que el tribunal identificó.
Mientras el caso avanza hacia nuevas etapas, fiscales y jueces coinciden en algo: este expediente marca un precedente en la forma de enfrentar judicialmente a las estructuras criminales en Honduras.
No fue un golpe mediático. Fue un golpe construido con pruebas.
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