
La mínima diferencia entre Asfura y Nasralla, sumada a miles de actas con inconsistencias, retrasa un desenlace que los hondureños exigen con urgencia.
A casi una semana de celebradas las elecciones generales, Honduras vive una tensión que crece con cada día que pasa. El país continúa sin conocer quién ocupará la Presidencia, debido a la diferencia mínima entre Nasry Asfura y Salvador Nasralla, un duelo que pone en pausa la vida política nacional e intensifica la presión sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Con el 88.02% de las actas escrutadas, Asfura suma 1,132,321 votos (40.19%), mientras Nasralla registra 1,112,570 (39.49%).
La tendencia se mantiene desde el jueves, pero no logra ofrecer certidumbre. A distancia, Rixi Moncada permanece en tercer lugar con 543,675 votos (19.30%), reflejando un desempeño limitado del oficialismo en estos comicios.
Elecciones con actas inconsistentes: el corazón de la disputa
El principal nudo de estas elecciones está en las 2,407 actas con inconsistencias, que obligan a un recuento voto por voto.
Aún faltan 2,571 actas por ingresar al centro de cómputo, una demora que alimenta las dudas y reclamos.
Nasralla sostiene que, basándose en las actas en poder del Partido Liberal, aventaja a Asfura por más de 40,000 votos.
Asegura que solo en Cortés hay 755 actas pendientes: 294 aún sin ingresar y 461 clasificadas como inconsistentes, una decisión que él califica como malintencionada.
Del otro lado, Asfura insiste en que el camino es la serenidad. Pide confiar en el proceso y asegura que la estabilidad del país debe primar sobre las disputas políticas.
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Llamados a la calma y denuncias que no cesan
El ambiente electoral transcurre entre prudencia y sospechas. Aunque la jornada se mantiene relativamente en calma, las denuncias se multiplican, especialmente en redes sociales.
El CNE tiene hasta 30 días para ofrecer resultados definitivos, aunque prevé, si nada se complica, que el desenlace podría llegar antes de Navidad.
La ciudadanía, sin embargo, exige respuestas ya. Las elecciones son el espejo de la fragilidad institucional y de la profunda desconfianza que aún pesa sobre el sistema electoral hondureño.
Un final que nadie puede anticipar
Hoy, Honduras permanece en vilo. Ni Nasralla ni Asfura se declaran ganadores, conscientes de que cada acta pendiente puede redefinir el tablero.
El recuento avanza, las denuncias insisten y la población observa con una mezcla de cansancio y esperanza.
Las elecciones más cerradas en décadas dejan al país a la espera de un veredicto que no solo definirá al próximo presidente, sino también la confianza o la desconfianza con la que Honduras afrontará el próximo ciclo político.
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