
En Iriona, Colón, localizaron más de seis mil arbustos de supuesta hoja de coca y una estructura artesanal para su procesamiento.
La coca echó raíces en la Quebrada del Diablo porque el aislamiento, la montaña y el silencio juegan a favor del narcotráfico.
En ese punto remoto del municipio de Iriona, Colón, las autoridades localizaron una plantación que evidencia cómo los cultivos ilícitos avanzan lejos del control cotidiano del Estado, afianzándose en zonas donde la geografía se convierte en aliada del crimen.
El hallazgo ocurrió la mañana del viernes 9 de enero, durante un operativo ejecutado por la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN).
Contaron con apoyo de la Dirección de Información Estratégica C2 y del 15 Batallón de Fuerzas Especiales, en respuesta a una denuncia que alertaba sobre actividades ilegales en el sector.
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Seis mil arbustos de coca ocultos entre la montaña
Al internarse en la zona montañosa, los equipos de seguridad aseguraron aproximadamente 6,210 arbustos de supuesta hoja de coca, con una altura promedio de dos metros y medio.
Esas plantaciones estaban sembradas en un área cercana a una manzana de tierra. El nivel de crecimiento del cultivo sugiere una plantación establecida con tiempo, cuidados y conocimiento del terreno.
La ubicación, lejos de centros poblados y de difícil acceso confirma un patrón que se repite: el narcotráfico traslada sus operaciones a espacios donde la vigilancia es menor y la reacción estatal suele llegar tarde.
Un punto clave: procesamiento en el mismo lugar
Durante el aseguramiento, las autoridades también localizaron una estructura rústica de madera, presuntamente utilizada para el procesamiento de la hoja de coca.
Este detalle convierte el hallazgo en algo más que un simple cultivo: apunta a un eslabón activo dentro de la cadena del narcotráfico.
La presencia de esta infraestructura refuerza la hipótesis de que el sitio no es casualidad, sino parte de una operación pensada para mantenerse oculta y operativa.
Iriona, un territorio bajo presión
Iriona, con su geografía escarpada y amplias extensiones de difícil acceso, se volvió un punto vulnerable frente a la expansión de economías ilegales.
El caso de la Quebrada del Diablo expone cómo los cultivos ilícitos se abren paso en zonas donde hay ausencia del Estado.
Cada plantación descubierta plantea un reto mayor: no solo erradicar los cultivos, sino evitar que el territorio lo tomen de nuevo estructuras criminales que saben moverse entre montañas y fronteras invisibles.
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La coca no llegó por accidente a la Quebrada del Diablo: encontró condiciones para crecer.
Mientras el narcotráfico siga encontrando refugio en el aislamiento, los cultivos ilícitos seguirán echando raíces en silencio.
El desafío para Honduras no termina con el aseguramiento de una plantación, sino en romper el ciclo que permite que estas tierras vuelvan a sembrarse.
Es, una y otra vez, lejos de la mirada pública que se dan los hallazgos, pero con consecuencias que alcanzan a todo el país.