Entre Sulaco y Marale, su recorrido no solo expone reincidencia, sino la persistencia de una red que se desplaza, se reorganiza y sigue operando.
No fue una captura que se improvisó ni un hecho fortuito, el nombre de alias “Calolo” volvió a surgir en los informes policiales apenas semanas después de que lo detuvieran en otra operación.
Se confirmó lo que las autoridades sospechan desde hace tiempo: hay piezas dentro de estas estructuras que no desaparecen, sino que se mueven, se esconden y reaparecen en otros territorios bajo la misma lógica criminal.
La segunda detención ocurrió en el municipio de Marale, al norte de Francisco Morazán, luego de un intercambio de disparos con agentes policiales.
El joven, de 21 años, se conducía en motocicleta y portaba una subametralladora tipo Mini Uzi.
Esa es un arma que no solo evidencia capacidad de fuego, sino también el tipo de tareas que podría desempeñar dentro de una organización criminal.
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“Calolo”, de Sulaco a Marale
Días antes, el 11 de abril, a “Calolo” lo capturaron en la aldea Plan del Chancho, en Sulaco, Yoro, un punto que no aparece por casualidad en este tipo de investigaciones.
En ese momento, las autoridades le decomisaron un rifle y varios envoltorios con supuesta marihuana, por lo que lo acusaron de tráfico de drogas y porte ilegal de armas.
Ese primer arresto no marcó un punto final, sino un punto de inicio para entender el movimiento de la estructura que utiliza corredores rurales para desplazarse sin ser vistos con facilidad.
Sulaco, Yorito y Victoria, junto a municipios como Marale, forman parte de un entramado geográfico donde operan.
Por eso las fuerzas de seguridad intensifican operativos en los últimos meses, precisamente por la presencia de grupos vinculados al llamado Cártel de “El Diablo”.
El eslabón dentro de una estructura mayor
Alias “Calolo” no lo presentan las autoridades como una figura aislada, sino como un presunto integrante de esta estructura criminal.
Su perfil, lo marca el uso de armas de alto calibre y su movilidad entre distintos municipios, para cumplir funciones específicas dentro de redes más amplias.
La reincidencia de Calolo, no siempre responde a fallas individuales, sino a una dinámica en la que los miembros continúan activos mientras la red sigue intacta.

Territorios bajo presión y una estrategia en desarrollo
La presencia de fuerzas policiales en estos municipios aumenta y busca cercar a estructuras como la del Cártel de “El Diablo”.
Sin embargo, el caso de “Calolo” deja en evidencia la capacidad de estas organizaciones para mantenerse en movimiento.
“Calolo” era una pieza más dentro de un rompecabezas mayor, implicado ahora en el secuestro y muerte del cafetalero Óscar Núñez.
Su captura neutraliza una pieza de la red criminal, que, pese a los golpes, continúan encontrando la forma de mantenerse activas.
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