Gritos, silencios y una puerta que se abrió tres veces forman parte del relato presentado en el segundo día de la repetición del juicio.
Primero la escucharon hablar, después cantar. También llorar y pedir que la sacaran de aquella celda oscura de la posta policial de La Esperanza, Intibucá.
Luego vino el silencio y unos 15 minutos sin escuchar la voz de Keyla Martínez bastaron para inquietar a los detenidos que estaban en la celda cercana.
Comenzaron a gritar para que algún policía fuera a verla, minutos después, cuatro agentes aparecieron en la bartolina, según relató este 5 de agosto de 2026, un testigo protegido durante el segundo día de la repetición del juicio por la muerte de la estudiante de enfermería.
La escena que describió ante el tribunal fue precisa. “Un oficial la tomó de cada extremidad, uno de cada pierna y uno de cada mano. Keyla iba boca abajo”.
Fue la última vez que aquel detenido asegura haberla visto. “Desde que la sacaron a ella en esa posición que mencioné, no volvimos a saber de ella”.
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Keyla Martínez hablaba, cantaba y después comenzó a llorar
El testigo protegido estaba detenido aquella noche de febrero de 2021 por incumplir el toque de queda que regía durante la pandemia.
Según declaró, los policías lo interceptaron aproximadamente a las 9:00 de la noche. No le habrían leído sus derechos ni permitido realizar una llamada.
“Solo me dijeron que andaba tarde, que era toque de queda y debía ir a la posta”, recordó.
Dentro encontró un pequeño complejo policial con apenas tres celdas: una para hombres, otra para mujeres y una tercera identificada para policías.
Keyla quedó sola en la destinada a mujeres, desde la otra bartolina podían escucharla. El testigo recordó que estaba bajo efectos del alcohol, pedía que la dejaran salir y en algún momento comenzó a cantar.
“Tenía un timbre de voz muy bonito”, declaró. Pero su ánimo habría cambiado con el paso de las horas.
Según el testigo, Keyla se molestó porque nadie atendía sus llamados y posteriormente comenzó a llorar.

“Nosotros gritamos para que la fueran a ver”
El cambio que más llamó la atención de los detenidos no fue otro grito, fue precisamente que dejaron de escucharla.
Habían transcurrido aproximadamente 15 minutos desde la última vez que oyeron su voz cuando comenzaron a preocuparse.
“Después que una persona hablaba tanto y que de repente se calle, era preocupante”, explicó el testigo.
Entonces comenzaron a llamar a los policías. “Nosotros gritamos para que la fueran a ver”.
Aseguró que tuvieron que insistir y que los agentes pasaban sin atenderlos. Durante esa madrugada, según su versión, tampoco hubo rondas para preguntar por el estado de quienes estaban recluidos.
“Nadie preguntó si estábamos bien o necesitábamos algo”, afirmó.
El testigo también relató que Keyla insistía que la sacaran de la celda y que se deprimió al verse sola y que un policía les había indicado que estaba dormida.

Tres veces se abrió aquella puerta
La puerta de la celda de Keyla Martínez quedó grabada en la memoria del testigo. Según su recuento, después de que ella ingresó, recuerda que se abrió tres veces.
La primera ocurrió cuando la llevaron al baño, la segunda, cuando entró únicamente el policía que tenía las llaves de las bartolinas, a quien durante su declaración llamó “el llavero”.
No supo qué ocurrió dentro. “No escuché nada adentro”, declaró.
Explicó que era de madrugada y tampoco estaba pendiente de cada movimiento porque jamás imaginó que algo grave pudiera suceder dentro de una instalación policial.
“No esperaba que algo malo ocurriera estando en custodia de la Policía”. Pero la puerta se abrió por tercera vez cuando aquel mismo policía regresó acompañado.
Esta vez eran cuatro agentes, según su testimonio y se llevaron a Keyla.

“Soy doctor, la puedo revisar”
La estudiante no había llegado sola a la posta, llegó con un médico amigo suyo también estaba detenido y permanecía en otra celda.
Según el testigo protegido, aproximadamente media hora después de que ingresaran a Keyla llevaron al médico a la bartolina de los hombres.
Lo recordó tranquilo, conversó con los demás detenidos, habló de experiencias relacionadas con su profesión y contó anécdotas.
También manifestó que habían estado tomando antes de ser detenidos, pero aquella tranquilidad cambió cuando vio que los policías sacaban a Keyla.
El médico preguntó adónde la llevaban y uno de los agentes respondió que se había puesto mal, según la declaración.
Entonces él ofreció ayuda. “Soy doctor y la puedo revisar”, recordó el testigo que les dijo. La petición, aseguró, no fue atendida. “No le hicieron caso, no le dijeron nada, solo se fueron”.
Keyla salió de la celda sostenida por cuatro policías, según el relato. Uno la tomó de cada brazo, otro de cada pierna y la llevaron boca abajo.
La celda quedó cerrada
Después de aquello, la puerta volvió a cerrarse y el testigo no volvió a ver a Keyla entrar.
Horas más tarde, según relató, llegaron varias personas con chalecos que creyó identificar como agentes de investigación.
Traían cámaras y equipo fotográfico, solo entonces recuerda que volvieron a abrir aquella bartolina.
“La abrieron nuevamente cuando llegaron personas con chalecos, creo de la DPI, tomaron fotos y hasta ese momento la volvieron a abrir”, declaró.
El detenido permaneció en la posta hasta aproximadamente las 12:00 del mediodía, cuando fue dejado en libertad.
Antes, recordó, los pusieron a realizar labores de limpieza, incluso en habitaciones utilizadas por policías. Eso le permitió conocer mejor la distribución del lugar.
Según explicó al tribunal, había dormitorios policiales relativamente próximos a las bartolinas y consideró que desde ese sector podían escucharse los gritos procedentes de las celdas.

“El llavero fue el protagonista”
Durante el interrogatorio de la acusación privada, el testigo regresó una y otra vez sobre uno de los policías presentes aquella madrugada.
Era el hombre encargado de las llaves. “El llavero fue el protagonista, porque él abrió las dos celdas y de todos fue el que más veces vi de todos los oficiales”, declaró.
Aseguró que posteriormente le mostraron fotografías de policías y que identificó al hombre que recordaba de aquella noche.
También habló de otro agente que alumbró la celda donde estaba Keyla, aunque dijo que no podría reconocerlo con certeza.
Su testimonio fue sometido a preguntas de la Fiscalía, la acusación privada y la defensa como parte del nuevo juicio.
Ahora corresponderá al tribunal valorar su declaración junto con el resto de las pruebas incorporadas al proceso.
El caso Keyla Martínez vuelve a empezar en los tribunales
Cinco años después de aquella madrugada, la muerte de Keyla Martínez vuelve a discutirse ante una nueva integración de jueces.
La estudiante de enfermería murió el 7 de febrero de 2021 mientras permanecía bajo custodia policial en la Unidad Departamental Policial Número 10, en La Esperanza, Intibucá.
La Corte Suprema de Justicia ordenó repetir el juicio oral y público después de resolver un recurso de casación presentado por el Ministerio Público en 2024.
La Fiscalía argumentó que durante el anterior proceso se produjeron irregularidades que afectaron el debido proceso y la correcta administración de justicia.
La repetición comenzó el 4 de agosto de 2026 y está programada hasta el 20 del mismo mes, con actuaciones en Siguatepeque y La Esperanza.
Esta vez, los jueces deberán volver a valorar las pruebas y realizar un nuevo análisis jurídico de los hechos.
Y entre esas pruebas queda ahora la voz de un hombre que aquella madrugada estaba detrás de otra puerta.
Un testigo que recordó a Keyla hablando, cantando y llorando; después, el silencio que inquietó a los detenidos.
Y finalmente aquella puerta abriéndose una última vez ante sus ojos, cuatro policías entraron, según declaró.
Cuando salieron, Keyla Martínez iba con ellos y él asegura que nunca volvió a verla.
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