El presidente Nasry Asfura y su equipo asumen directamente la crisis en Salud con medidas excepcionales, un decreto de emergencia y alianzas.
La crisis del sistema sanitario hondureño dejó de ser un problema sectorial para convertirse en una prioridad de Estado. Por eso, el presidente Nasry Asfura decidió asumir, junto a sus tres designados presidenciales, la responsabilidad directa la emergencia sanitaria como eje central de su plan de gobierno 2026-2030.
La señal es clara: el nuevo gobierno no delegará una emergencia que, según reconoce su propio equipo, se traduce hoy en quirófanos paralizados, farmacias vacías y miles de pacientes esperando una cirugía que no puede seguir postergándose.
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Emergencia sanitaria y la prioridad de salvar vidas
María Antonieta Mejía, designada presidencial, lo resume en TN5 Matutino sin rodeos: el sistema se descuidó durante años y hoy enfrenta una emergencia real.
La falta de medicamentos y una infraestructura incapaz de responder a la demanda empujaron al gobierno entrante a replantear el modelo de atención.
El diagnóstico es duro, pero la hoja de ruta parte de un principio que el Ejecutivo repite como consigna: salvar vidas está por encima de cualquier trámite administrativo.
Un decreto de emergencia para romper la burocracia
Para avanzar, el gobierno de Asfura pidió respaldo político al Congreso Nacional de Honduras, donde ya se introdujo un decreto especial que permita actuar con rapidez.
Según Mejía, la iniciativa busca habilitar “acciones excepcionales, urgentes y temporales“, sin que ello signifique privatizar el sistema de salud.
El objetivo es eliminar cuellos de botella legales que hoy impiden comprar medicamentos, contratar servicios o poner en funcionamiento quirófanos que permanecen cerrados.
Mora quirúrgica: 15 mil pacientes esperando
Uno de los focos inmediatos del plan es reducir la mora quirúrgica, que ronda los 15 mil pacientes en el sistema público.
La estrategia contempla dos vías paralelas: operativizar quirófanos a través de alianzas estratégicas mientras, de forma simultánea, se trabaja en su acondicionamiento y modernización.
La lógica es simple: el Estado no puede esperar a que la infraestructura esté perfecta mientras la gente sigue muriendo en listas de espera.

Medicamentos: compras directas y todas las farmacias en juego
El desabastecimiento de medicamentos es otro frente crítico. El nuevo gobierno atribuye parte del problema a decisiones administrativas del período anterior que ralentizaron los procesos de compra.
Con la aprobación del decreto, el plan es activar licitaciones ágiles y, cuando sea necesario, contrataciones directas, permitiendo la participación de todas las farmacias, sin privilegios ni exclusiones.
El mensaje oficial insiste en que la urgencia no es ideológica ni política: es sanitaria.
Más personal médico, menos escritorios
La hoja de ruta también incluye una revisión profunda del recurso humano. El énfasis estará en contratar más médicos, enfermeras y técnicos, reforzando áreas críticas como el Instituto del Diabético y otros centros especializados.
La apuesta es clara: menos personal administrativo y más capacidad clínica para atender la demanda real de los hospitales.
El gobierno de Asfura plantea una conducción centralizada de la crisis, apoyada en respaldo legal, alianzas público-privadas, cooperación internacional y un uso transparente de los fondos destinados a la emergencia.
La apuesta es de alto riesgo político, pero también de alto impacto social: tomar el control del sistema de salud, romper inercias y responder con rapidez donde antes hubo parálisis.
“Si el Congreso da luz verde al decreto, el Ejecutivo tendrá en sus manos la responsabilidad total de atender la crisis sanitaria”, dice Mejía.
Y con ella, el desafío más sensible de la emergencia sanitaria: demostrar que, en Salud, la hoja de ruta no se queda en el papel, sino que se traduce en vidas salvadas.
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