Comerciantes enfrentan pérdidas, miedo e incertidumbre en medio del desorden institucional y la falta de liderazgo en seguridad.
La madrugada aún no terminaba de disiparse cuando los propietarios de tres negocios del barrio Medina, en San Pedro Sula, descubrieron que habían sido víctimas de un mismo golpe criminal. Puertas forzadas, techos violentados, estanterías vacías y un silencio cargado de impotencia marcaron el inicio de la jornada sin seguridad.
En cuestión de horas, lo que fue una noche común se transformó en una escena repetida de pérdidas, miedo y frustración.
Los delincuentes actuaron con calma, recorrieron los locales y se llevaron dinero, mercadería y equipos, como si supieran que nadie los interrumpiría.
Para los comerciantes, no fue solo un robo: fue la confirmación de una sensación que venía creciendo desde hace meses, la de estar solos frente al delito.
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Según relataron los afectados, los responsables ingresaron primero a un consultorio dental, aprovechando la vulnerabilidad del techo.
Desde allí, se desplazaron hacia una tienda de repuestos y una pollería cercana, ejecutando un asalto en secuencia.
El patrón fue el mismo: ingreso silencioso, registro minucioso y retirada sin dejar rastros inmediatos. Cámaras de seguridad captaron parte del recorrido, pero hasta ahora no se reportan capturas.
Vecinos del sector aseguran que no es un caso aislado. En las últimas semanas, los robos nocturnos son más frecuentes, generando un clima de alerta permanente entre quienes dependen de sus negocios para sobrevivir.
Comerciar entre el miedo y la incertidumbre
Detrás de cada persiana forzada hay historias que no suelen verse en los reportes policiales: préstamos pendientes, familias que dependen del ingreso diario y años de esfuerzo que pueden desaparecer en una madrugada.
“Uno trabaja todo el día para que en minutos se lo quiten”, lamentó uno de los comerciantes afectados.
Muchos reconocen que invirtieron en cámaras, cerraduras y alarmas, pero sienten que, sin una presencia policial constante, estas medidas de seguridad resultan insuficientes. La inseguridad, dicen,es un costo más del negocio.

Seguridad sin cabeza en los primeros días del nuevo Gobierno
El asalto en el barrio Medina ocurre en un momento políticamente sensible. A cinco días de iniciado el nuevo mandato de Nasry Asfura, el país aún no conoce quiénes dirigirán oficialmente la Secretaría de Seguridad, el Viceministerio ni la Policía Nacional.
Este vacío institucional se interpreta por sectores sociales y empresariales como una señal de fragilidad en uno de los pilares más urgentes del Estado: la protección ciudadana.
Sin una estructura claramente definida, las estrategias de prevención, investigación y patrullaje quedan en pausa, justo cuando los hechos delictivos continúan avanzando en barrios, colonias y zonas comerciales.
Para muchos, la sensación es clara: la delincuencia no espera nombramientos.
San Pedro Sula y la violencia
La capital industrial del país aprendió a convivir con la violencia, pero no a resignarse. En sectores como Medina, los vecinos se organizan, comparten información y se alertan.
Sin embargo, tienen límites. Sin respaldo institucional, el esfuerzo ciudadano se desgasta.
Comerciantes consultados coinciden en que lo que piden no es militarización, sino presencia real.
“Solo pedimos respuesta rápida y seguimiento a los casos. Que no solo vengan a tomar fotos”, reclaman.
Los tres negocios asaltados en cadena no son solo una noticia policial. Son el reflejo de un país que inicia una nueva etapa política con viejos problemas sin resolver.
En el barrio Medina, los comerciantes ya levantaron nuevamente sus cortinas. Volvieron a abrir, a atender clientes y a apostar por seguir adelante. Pero lo hacen con una pregunta que se repite en cada esquina:
¿Quién los protege mientras la seguridad sigue en el aire?
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