Alcohol y drogas empujan a más personas a situación de calle en Honduras

Alcohol y drogas empujan a más personas a situación de calle en Honduras

El consumo de alcohol y drogas, sumado a trastornos mentales no atendidos, está detrás del aumento de la población en situación de calle en ciudades de Honduras.

A plena luz del día, la población en situación de calle se vuelve parte del paisaje urbano. No es una postal aislada: es el resultado de procesos largos y silenciosos donde el alcohol, las drogas y el quiebre emocional empujan a personas, adultos y niños, a vivir en la intemperie, con la vulnerabilidad como rutina.

Detrás del aumento de la población en situación de calle hay procesos prolongados de desgaste emocional, consumo de alcohol y drogas, y trastornos mentales que no fueron atendidos a tiempo.

Especialistas advierten que la calle es el último eslabón de una cadena de rupturas personales, familiares y sociales.

En ciudades como San Pedro Sula, la presencia de más personas viviendo en la vía pública ya no es esporádica.

De interés: Honduras ha rescatado en 2024 a 12 víctimas de explotación infantil y mendicidad forzada

Población en situación calle y consumo de sustancias

Especialistas coinciden en que el consumo problemático de alcohol y drogas está estrechamente ligado al crecimiento de la población sin hogar.

La adicción suele aparecer como respuesta a experiencias de estrés intenso y sostenido, y termina acelerando el abandono del hogar y la mendicidad.

En ciudades como San Pedro Sula, el aumento de personas que permanecen en la vía pública ha encendido alertas entre autoridades y profesionales de la salud mental, quienes observan un deterioro físico y emocional progresivo.

La psicóloga Fabiola Lagos explica que el estrés no tratado consume a la persona “en todo sentido”.

Detalla que el estrés postraumático impacta directamente en la vida de quienes lo padecen y puede derivar en un alto consumo de alcohol, drogas e incluso otras conductas adictivas.

Ese proceso, advierte, golpea la psiquis y abre la puerta a trastornos mentales. Con el tiempo, se acumula el deterioro cognitivo, físico y emocional; aparecen depresión y ansiedad, y la autoimagen se erosiona hasta que la precariedad se vuelve cotidiana.

En ese punto, la población en situación de calle deja de ser una excepción y pasa a normalizarse.

Niñez en riesgo: cuando la mendicidad se vuelve delito

El problema no se limita a los adultos. La Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) detectó casos en los que padres utilizan a sus hijos para actividades de indigencia, una práctica que vulnera derechos fundamentales.

Según Carlos Castillo, muchos de los niños identificados en calle sí tienen hogar: sus padres o madres están cerca o conviven con ellos.

“Los utilizan para mendicidad; al intervenir, confirmamos que los padres están a pocos metros. Es una situación identificada y constituye un delito”, señaló.

Esta realidad complejiza la respuesta institucional y amplía el rostro de la población en situación de calle.

Lea también: Niños hondureños son alquilados por sus padres por L 300 para mendigar

La normalización del abandono y el desafío de intervenir

El uso de sustancias, el trauma no atendido y las dinámicas familiares que reproducen la mendicidad conforman un círculo difícil de romper.

Cada día que pasa sin atención integral, salud mental, tratamiento de adicciones y protección de la niñez, el deterioro se profundiza y la población en calle crece.

Detrás de cada persona en la acera hay una historia que no empezó ahí. La población en situación de calle es el síntoma visible de una crisis emocional y social que exige respuestas coordinadas, humanas y sostenidas.

Reconocer el vínculo entre alcohol, drogas y salud mental no es estigmatizar; es el primer paso para devolver dignidad, protección y una salida real a quienes hoy viven a la intemperie.

Leave a Comment