
Cortés cerró 2025 con más de 300 delincuentes fuera de circulación, un golpe directo a pandillas, bandas regionales y redes criminales.
En Cortés, donde la violencia marca el pulso cotidiano durante décadas, el 2025 dejó una señal clara: el cerco contra el crimen se estrechó.
Más de 300 delincuentes fueron sacados de circulación en una ofensiva policial que impactó directamente a las estructuras que dominaban barrios, colonias y corredores estratégicos del norte de Honduras.
No se trató de operativos aislados, sino de una presión constante que comenzó a quebrar el control territorial del delito.
Cortés, territorio en disputa histórica
El departamento de Cortés es uno de los epicentros de la violencia en Honduras. Su ubicación estratégica, su peso económico y la densidad urbana convirtieron a municipios como San Pedro Sula y sus alrededores en escenarios clave para la operación de pandillas y bandas criminales.
Durante 2025, esa realidad empezó a cambiar. Según el balance oficial, el 83 % de los capturados pertenece a dos de las estructuras más violentas del país: la Pandilla 18 y la Mara Salvatrucha MS-13.
En cifras concretas, 135 integrantes de la 18 y 99 de la MS-13 fueron detenidos, debilitando su capacidad para extorsionar, traficar drogas y sostener redes de sicariato.
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Golpes que van más allá de las capturas
La ofensiva en Cortés no se limitó a sumar detenidos. En el transcurso del año, se desmantelaron 11 bandas delictivas regionales que operaban como engranajes locales del crimen organizado.
Estas estructuras eran responsables de delitos de alto impacto y funcionaban como redes de apoyo para pandillas más grandes.
Uno de los golpes más sensibles fue la neutralización de una red dedicada a la falsificación de dinero.
Con esta operación se evitó que billetes falsos circularan en mercados, comercios y zonas financieras, protegiendo la economía local y cortando una fuente de financiamiento criminal poco visible, pero altamente dañina.
Presión sostenida en puntos estratégicos
Parte del impacto logrado en Cortés responde a una estrategia de presencia permanente en zonas clave.
Terminales de transporte, corredores comerciales y áreas financieras se convirtieron en puntos de intervención prioritaria, espacios donde el crimen había encontrado históricamente terreno fértil.
Esta presión constante contribuyó a reducir la incidencia de delitos como la extorsión, el tráfico de drogas y el sicariato, generando un efecto directo en la percepción de seguridad, tanto en la ciudadanía como en el sector productivo de San Pedro Sula y municipios aledaños.
Cabecillas capturados y estructuras debilitadas
Los operativos también apuntaron a los niveles de mando. En La Lima fueron capturados cabecillas de la Pandilla 18, con decomisos de armas de alto calibre y cargamentos de cocaína, crack y marihuana.
En Baracoa, Puerto Cortés, se reportó la detención de integrantes de la banda “El Berna”, junto con droga y dinero en efectivo.
Estos casos evidencian que la ofensiva alcanzó distintos municipios del departamento y golpeó tanto a estructuras grandes como a organizaciones criminales de alcance local.
Con más de 300 delincuentes fuera de circulación, Cortés cerró 2025 con un mensaje contundente: el control criminal ya no avanza sin resistencia.
Las autoridades aseguran que el cerco seguirá estrechándose con operativos de saturación y presencia permanente en zonas críticas.
El desafío ahora es sostener la presión y evitar que el crimen recupere terreno, para que el 2026 no sea solo una promesa, sino un año en el que la seguridad empiece a sentirse de forma permanente en la vida cotidiana de los hondureños.
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