Familias denuncian abandono estatal mientras la desaparición de migrantes crece y golpea con fuerza a Centroamérica.
Teresa Barrera no recuerda un cuerpo, recuerda un instante. El 21 de octubre de 2024 vio a su hija Cindy Paola Bueso Barrera frente al mar, junto a su bebé Daniel y a la pequeña Valentina. La imagen llegó a través de una videollamada breve, como suelen ser las despedidas cuando la ruta migrante apremia.
Después, la lancha partió desde San José Hueyate, en Chiapas, rumbo a Oaxaca. Y el rastro se apagó.
Desde Estados Unidos, Teresa sostiene la búsqueda a distancia, pero no en soledad. A su lado, su cuñada y una red de mujeres que aprendieron a convertir la ausencia en presión, el dolor en estrategia y la incertidumbre en denuncia.
De interés: Migró para ayudar a su esposa e hija: hondureño muere ahogado en Carolina del Norte
Crisis de desapariciones en México y la ruta migrante invisibles
Lo que ocurrió con Cindy no es un caso aislado. Ese mismo día desaparecieron otras 19 personas que viajaban en el grupo.
Eran migrantes de Ecuador, Cuba, Colombia, República Dominicana y Jordania quedaron atrapados en la misma ruta que promete avanzar, pero muchas veces traga.
El Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de la ONU documentó el patrón: entre 2023 y 2024, las desapariciones en Chiapas aumentaron un 76.3 %, y la mayoría de las víctimas eran personas migrantes, incluidas mujeres, niños y niñas.
Las cifras son una advertencia que ya no admite matices. En México desaparecen 40 personas cada día, y para octubre de 2025 se registraban 14,765 desapariciones, un aumento del 16 % respecto al último año del gobierno anterior.
La ONU es contundente: la desaparición forzada en ese país ocurre de manera generalizada y sistemática.

ONU llama a Honduras y México a moverse
El 26 de febrero de 2026, esa falta de respuesta encontró un límite. El Comité contra la Desaparición Forzada emitió una resolución que llama a Honduras y México a coordinar acciones urgentes para localizar a Cindy, a sus hijos y a la salvadoreña Josselyn Noemí Cruz.
Aunque la medida se centra en cuatro casos, el organismo extendió la urgencia a las otras 16 personas desaparecidas en el mismo grupo.
No es una recomendación simbólica. Ambos países tienen hasta el 26 de marzo de 2026 para informar qué acciones han tomado y qué resultados han obtenido en la búsqueda.
Detrás de esa resolución no hay voluntad política espontánea. Hay presión.
Madres que empujan donde el Estado no llega
Ana Enamorado, madre hondureña y fundadora de la Red Regional de Familias Migrantes, lleva más de una década buscando a su hijo Óscar López Enamorado, desaparecido en México en 2010.
Como ella, decenas de mujeres han construido una red que atraviesa fronteras. Salen desde Guatemala, El Salvador y Honduras, recorren Chiapas, Tabasco y Veracruz, y llegan hasta Ciudad de México para exigir respuestas en las instituciones que muchas veces les cierran la puerta.
“No esperamos que el Estado haga su trabajo, lo empujamos”, ha sido una de las frases que marcan su lucha.
No solo marchan. Recolectan muestras, impulsan bancos de ADN, acompañan procesos forenses y documentan lo que otros no registran.

Coordinación prometida, resultados ausentes
En febrero de 2025, autoridades mexicanas y el Comité Amor y Fe de Honduras firmaron un acuerdo para buscar migrantes desaparecidos.
Sobre el papel, parecía un avance. En la realidad, las familias aseguran que los resultados no llegan.
La crítica es directa: falta coordinación efectiva entre Honduras y México, y el acompañamiento institucional sigue siendo insuficiente.
En la ruta migrante no solo desaparecen personas, también se diluyen responsabilidades.
Pero esta vez, las madres rompieron ese ciclo. Forzaron a dos países a responder, empujaron a la ONU a intervenir y dejaron claro que el olvido no es una opción.
Porque mientras los gobiernos preparan informes, hay una verdad que no cambia: la ruta se los tragó, sí, pero son las madres quienes se niegan a dejar que también se los trague el silencio.
Lea también: Migrante desaparecido en México: familia hondureña busca a Eduar Josué