
En el corazón de la biosfera del Río Plátano, bajo las sombras del bosque húmedo tropical, la maquinaria no solo remueve tierra: borra huellas de antiguos pueblos.
El sitio donde hoy retumban motores y se levantan columnas de polvo fue, durante siglos, un refugio de memoria ancestral. Las Marías, ubicada en la zona núcleo de la biosfera del Río Plátano, en el departamento de Gracias a Dios, es hogar de la etnia pech, un pueblo que custodia esa selva desde tiempos precolombinos.
Pero en los últimos meses, las denuncias de explotación de recursos naturales y expolio arqueológico se multiplicaron.
Lo que antes fue un santuario natural y cultural se convirtió en escenario de destrucción.
Fiscales de la Fiscalía Especial de Etnias y Patrimonio Cultural y agentes de la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC) confirmaron que la zona la explotan con maquinaria industrial para el procesamiento de oro.
En el sitio se hallaron herramientas, cilindros de gas propano utilizados para fundir metales y rastros de explosivos.
Río Plátano: saqueo del patrimonio arqueológico
La denuncia, presentada por el Consejo Territorial Las Marías, advierte que los montículos ancestrales, yacimientos que guardaron vestigios de antiguas civilizaciones, fueron removidos por personas a cargo de al menos diez máquinas industriales.
Estas estructuras, fundamentales para la historia y cosmovisión pech, son destruidas por quienes buscan oro bajo el suelo que debería ser intocable.
Las autoridades lograron desactivar las máquinas para detener el daño ambiental y cultural, pero los estragos ya son evidentes.
Según los investigadores, los restos arqueológicos, que podrían datar de varios siglos atrás, fueron mezclados con lodo y desechos metálicos, haciendo casi imposible su recuperación.
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Una joya natural bajo asedio
El Río Plátano, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1982, es uno de los últimos grandes pulmones de Centroamérica.
Su zona núcleo, donde ocurre el expolio, concentra una biodiversidad única y vestigios arqueológicos de civilizaciones que poblaron La Mosquitia hondureña.
Durante años, ambientalistas y comunidades indígenas alertaron sobre la presión creciente de la minería ilegal, la tala y el narcotráfico, amenazas que avanzan sobre los límites de la biosfera.
Ahora, la presencia de maquinaria pesada y explosivos confirma que el saqueo no solo busca recursos naturales, sino que arrasa con el legado cultural que da sentido a esas tierras.
La voz silenciada de los guardianes del bosque
Para los pech de Waitnatara, Las Marías no es solo un lugar: es su raíz. En los montículos destruidos, los ancianos reconocían símbolos de su pasado, piezas que hablaban de su identidad y de los vínculos con la naturaleza.
“Nos quitaron la historia”, dice uno de los líderes comunitarios, quien teme por la integridad de la reserva y la seguridad de los pobladores que se oponen a la explotación.
El Consejo Territorial pidió la intervención del Estado para que se garantice la protección del patrimonio arqueológico y ambiental, así como la seguridad de las comunidades que habitan la zona.
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Un llamado a proteger lo irrecuperable
La biosfera del Río Plátano, reconocida por su riqueza natural y cultural, enfrenta uno de sus momentos más críticos. La destrucción de vestigios arqueológicos no solo representa un delito, sino una pérdida irreparable para Honduras y el mundo.
Mientras las investigaciones avanzan, la selva es testigo silencioso del expolio, guarda los restos de una historia que se desmorona entre la ambición y el olvido.