En 2025 hubo 716 solicitudes de refugio. Para 2026, el país impulsa mejoras con apoyo internacional y ajustes al sistema.
Juan no pensaba quedarse en Honduras. Llegó con lo justo, con el miedo todavía pegado al cuerpo y la certeza de que volver no era una opción. La violencia lo expulsó de su país sin aviso y sin tiempo para despedidas. Cruzó la frontera como muchos otros: sin plan, sin certezas, pero con la necesidad urgente de sobrevivir y encontrar refugio.
El movimiento migratorio en la región cambió, ya no es el mismo de años anteriores. Pero en Honduras, el reto no desaparece: se transforma.
En 2025, el país registró 716 nuevas solicitudes de refugio y cerró con 270 personas refugiadas reconocidas residiendo en su territorio, de acuerdo con un informe de ACNUR.
No es un sistema colapsado, pero sí uno que enfrenta el desafío de responder con mayor agilidad y alcance.
Detrás de cada solicitud hay historias de desplazamiento forzado. Son personas que no pueden volver a su país y que, al llegar, buscan algo más que tránsito: buscan quedarse, reconstruir su vida, empezar de nuevo.
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Refugio en Honduras 2026: mejoras en marcha y tareas pendientes
a historia de Juan aparece casi en silencio, en el informe que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) publicó en marzo de 2026 sobre Honduras.
Ahí se dibuja un país en proceso de ajuste. En 2025 se registraron 716 solicitudes de refugio y 270 personas refugiadas reconocidas residían en el país.

Un sistema que se fortalece, pero aún tiene tareas pendientes
El documento revela que en 2025 y 2026 el Estado hondureño solicitó apoyo técnico para mejorar su sistema de asilo.
A partir de eso, se impulsa un plan conjunto con ACNUR orientado a modernizar procesos, agilizar respuestas y ampliar la atención fuera de la capital.
También se plantea avanzar en digitalización y coordinación institucional, pasos clave para que el sistema funcione con mayor eficiencia.
El objetivo es claro: que el refugio no sea solo un trámite, sino una puerta real de acceso a derechos.
Integración: el desafío más allá del reconocimiento
ACNUR subraya que el reconocimiento de la condición de refugiado es solo una parte del proceso.
El verdadero desafío está en garantizar acceso a empleo, educación y servicios básicos que permitan a las personas reconstruir sus vidas.
Para ello, se han impulsan acciones con gobiernos locales, instituciones públicas y el sector privado.
Aun así, persisten barreras que limitan esa integración, especialmente en el acceso al trabajo formal y otros derechos.

Vulnerabilidad que no desaparece
El informe advierte que muchas personas refugiadas y solicitantes de asilo siguen enfrentando riesgos desde su llegada a Honduras.
Extorsión, robo, explotación y violencia son parte de ese recorrido. Mujeres, niños no acompañados y personas LGBTIQ+ figuran entre los grupos más expuestos.
Esto plantea la necesidad de fortalecer no solo el sistema de reconocimiento, sino también la protección inmediata.
Un proceso que sigue en construcción
El documento de ACNUR no plantea un escenario de crisis, pero sí uno de transición. Honduras avanza en el fortalecimiento de su sistema de refugio, pero todavía enfrenta retos estructurales que requieren inversión, coordinación y continuidad en las políticas públicas.
El camino está en marcha, y para este 2026, el reto ya no es solo recibir a quienes huyen, es garantizar que puedan quedarse con dignidad.
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