Su última publicación en redes sociales del Calaca se convirtió, tras el crimen, en una inquietante premonición para amigos y familiares.
Bryan Ramírez, “El Calaca”, no escribió una carta de despedida. No habló de miedo ni de amenazas. Solo dejó una frase breve en Facebook, casi como un recuerdo para quienes compartieron con él. “El que no alcanzó a beber conmigo, que guarde ese recuerdo, que ya no voy más”.
Horas después, la noche del sábado 7 de febrero de 2026, esa frase dejó de ser una ocurrencia y se convirtió en una señal inquietante.
“El Calaca” fue acribillado frente a un bar del bulevar Morazán, uno de los sectores más vigilados y concurridos de Tegucigalpa. Su último post quedó flotando en redes como un adiós no planeado.
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El mensaje de El Calaca que cambió de sentido
En vida, Bryan no imaginó que su publicación sería leída como una despedida. Era una frase sencilla, cargada de nostalgia y afectos pendientes. Pero tras su muerte, sus palabras adquirieron otro peso.
“Se cumplió, qué triste”, escribieron algunos amigos al ver que aquel mensaje fue lo último que compartió públicamente.
Su perfil se transformó en pocas horas en un espacio de duelo: fotos, recuerdos, promesas de no olvidar. El muro digital se volvió un altar improvisado.

El origen de su apodo
Su apodo nació en el seno de la banda de guerra ‘Los Anormales’, donde Bryan no solo forjó amistades profundas, sino una identidad que lo acompañaría de por vida.
Fueron sus compañeros quienes, entre redobles y camaradería, lo bautizaron así en alusión a su delgadez.
Tras el crimen, la agrupación publicó un mensaje de despedida: “Hoy despedimos a otro compañero, amigo y hermano. Te vamos a extrañar mucho, Calaca…”.
En el texto también recordaron a Zaid, su mejor amigo, fallecido en 2025, como si la tragedia persiguiera a quienes compartieron escenario, sueños y juventud.
Una ejecución disfrazada de autoridad
De acuerdo con información preliminar, Bryan fue interceptado por hombres encapuchados que simularon un operativo policial. Vestían de negro, actuaban con seguridad y no despertaron sospechas.
En segundos, el engaño se transformó en ataque. Los disparos fueron incesantes. En el lugar quedaron al menos 27 casquillos, prueba de una ejecución directa, sin margen para escapar.
El crimen ocurrió bajo luces comerciales, con tránsito constante y cámaras cercanas, lo que agrava las preguntas sobre cómo se perpetró sin obstáculos.

El último adiós
El domingo 8 de febrero de 2026, amigos y familiares lo despidieron entre lágrimas, abrazos y silencios largos. Hubo rezos, flores y preguntas sin respuesta.
“Calaca” fue sepultado como muchos jóvenes en Honduras: con una historia inconclusa y una muerte violenta que nadie logra explicar del todo.
Hoy, su última publicación sigue ahí. No se borra, ni pierde. No envejece. Es una frase sencilla convertida en epitafio digital.
Un recordatorio de que, en Tegucigalpa, a veces la muerte avisa en silencio. Que las despedidas no siempre se anuncian. Y que detrás de cada titular queda una vida truncada… que aún habla desde una pantalla.
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