El Arzobispo José Vicente Nácher Tatay, CM, invitó a la feligresía hondureña a redescubrir el sentido original de estos cuarenta días.
A pocas horas de la celebración de el Miércoles de Ceniza, el punto de partida del tiempo litúrgico que inicia este 18 de febrero de 2026, la Arquidiócesis de Tegucigalpa ha emitido un mensaje a los hondureños para vivir un tiempo de misión y renovación bautismal.
Bajo el lema “Elegidos y probados, bautizados y enviados”, el Arzobispo José Vicente Nácher Tatay, CM, invitó a la feligresía hondureña a redescubrir el sentido original de estos cuarenta días, no solo como un periodo de sacrificio, sino como una preparación vital para la Pascua.

Espiritualidad y raíces del Bautismo
El mensaje arzobispal subraya que la Cuaresma nació originalmente como la etapa final de preparación para los adultos que buscaban el bautismo.
El Monseñor Nácher recordó que ritos como la “elección” y los “escrutinios” siguen siendo pilares en la liturgia actual.
Para la mayoría de los hondureños que ya han sido bautizados, este tiempo se presenta como una oportunidad de “purificación siempre necesaria”, utilizando los signos bíblicos del agua y la luz para reconectar con la vida de Cristo Resucitado.
Este año, la vivencia cuaresmal en Honduras tendrá un matiz profundamente activo. Coincidiendo con este tiempo de reflexión, se llevará a cabo la Santa Misión Nacional.
Las parroquias de todo el país realizarán envíos misioneros para llevar consuelo a quienes están “cansados y agobiados”.
El Arzobispo enfatizó que la Cuaresma 2026 no debe quedarse en los templos, sino transformarse en una “invitación personal, cercana y sincera” hacia el prójimo, reforzando la identidad de la Iglesia como una entidad en salida constante.

Vencer la tentación y conversión
En el ámbito de la lucha interna, el comunicado hace un llamado a la docilidad al Espíritu Santo para enfrentar las tentaciones modernas.
El prelado instó a los fieles a no temer al “desierto” espiritual, pues es allí donde, con la ayuda del Espíritu defensor, se aprende a identificar y rechazar las distracciones del mal.
“Esta Cuaresma pidamos al Señor conocernos a nosotros mismos y dar nombre a nuestros pecados”, reza el documento, señalando que el autoconocimiento es el peldaño indispensable para una confesión sacramental auténtica y un arrepentimiento que transforme la vida del creyente.
Identidad cristiana: Somos misión
Finalmente, el mensaje concluye recordando que la prueba es parte del camino del elegido. Al ser propiedad de Dios, el cristiano es blanco de la tentación, pero posee la fuerza del bautismo para prevalecer.
La Iglesia de Tegucigalpa cierra su proclama con una frase que busca resonar en cada hogar hondureño durante las próximas semanas: “No lo olvidemos: somos misión”.

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