hondureños apuestan por quedarse sin papeles

Gobiernos centroamericanos y organizaciones activan jornadas para evitar que procesos migratorios se estanquen en Juárez.

Lo que antes era tránsito hoy empieza a parecer permanencia. En Ciudad Juárez, México, cerca de mil migrantes centroamericanos, entre ellos decenas de hondureños están detenidos en seco por el cierre de la frontera estadounidense hace un año.

Ellos ya no miran al norte con la misma urgencia. Ahora buscan algo más básico: papeles. Sin ellos, no hay refugio, no hay residencia, no hay futuro.

La escena se repite con crudeza. Personas que huyeron de sus países cargan historias, pero no documentos. Y sin identidad legal, quedan atrapadas en un limbo donde ni avanzan ni retroceden.

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Regularizarse en México: el laberinto sin documentos en Ciudad Juárez

La llamada “Jornada Consular” intentó romper ese bloqueo. En las oficinas de la Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe, representantes de Honduras, Guatemala y El Salvador se sentaron frente a decenas de migrantes que llegaron con lo poco que les queda: recuerdos, miedo y, en algunos casos, un documento deteriorado que apenas prueba quiénes son.

Carlos Guillermo Carrillo, de 48 años, resumió la fragilidad de muchos: “Este es el único documento que tengo”, dijo mientras mostraba una credencial desgastada.

Esa escena no es aislada; es el punto de partida de cientos de procesos que podrían detenerse antes de comenzar.

Sin actas de nacimiento, pasaportes o identificaciones válidas, cualquier trámite se vuelve cuesta arriba. Y lo que debería ser un proceso administrativo se transforma en una carrera contra el olvido burocrático.

Ciudad Juárez.
Este fue el afiche que circuló para invitar a la Jornada Consular en Ciudad Juárez.

Consulados y organismos intentan evitar el colapso

Ante ese vacío, los consulados centroamericanos y el Instituto Federal de Defensoría Pública (IFDP) entraron en escena.

Asesorías sobre refugio, visas humanitarias y residencias se ofrecieron en una jornada que, más que resolver, busca evitar que todo se caiga.

Cristina Coronado, coordinadora del Ministerio para Migrantes de la Sociedad Misionera de San Columbano, lo explica: “sin documentos, los procesos se detienen. Y detenerse, en este contexto, es quedarse atrapado”.

Al menos 260 familias ya están registradas en solicitud de refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar). Muchos de ellos son hondureños cuyos casos avanzan, pero dependen de un papel que aún no existe o no llega.

Integrarse o quedarse en el limbo migratorio

El sacerdote Guillermo Morton lo plantea como una misión: acoger, proteger, promover e integrar. Pero integrar no es solo una palabra.

“Implica convertir a estos migrantes en parte de una ciudad que no eligieron, pero que ahora los obliga a reinventarse”, señala.

Ciudad Juárez empieza a transformarse, no por decisión política, sino por la presión de quienes no pueden avanzar.

Son migrantes hondureños, guatemaltecos, salvadoreños que ya no esperan cruzar, sino quedarse. Que ya no sueñan con Estados Unidos, sino con algo más inmediato: no ser invisibles.

Migrantes Ciudad Juárez
Esta 

El nuevo rostro de la migración

Lo que ocurre en Ciudad Juárez revela un cambio silencioso. La migración ya no es solo un viaje, también es una espera prolongada que termina convirtiéndose en arraigo forzado.

Sin documentos, sin certezas y con procesos a medias, cientos de personas intentan construir una vida en pausa. Y mientras los trámites avanzan lentamente, la ciudad se convierte en su única posibilidad.

Porque al final, más que elegir quedarse, muchos simplemente ya no tienen a dónde ir.

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