Honduras urge plan de seguridad que sobreviva más de un gobierno

Expertos advierten que sin una política de Estado, los avances se pierden y el crimen gana terreno cada ciclo político.

En Honduras, la seguridad no solo enfrenta al crimen. También enfrenta el tiempo. Cada cuatro años, el país cambia de autoridades, de discursos, de prioridades. Y con ese cambio, la estrategia también se reinicia.

Lo que se avanzó se diluye. Además, lo que se construyó se desmonta. Y lo que se prometió vuelve a comenzar desde cero.

Mientras tanto, las estructuras criminales no hacen pausas. No esperan elecciones. No cambian de rumbo. Se adaptan.

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Seguridad con preguntas que siguen sin respuesta

Hay señales que pesan más que cualquier informe. Una de ellas es el silencio alrededor de los radares que dejaron de funcionar, dicen expertos a tunota.com.

Estas eran herramientas clave para detectar el movimiento de drogas en el país, pero quedaron fuera de operación sin que hasta ahora exista una explicación clara.

Nelson Castañeda, director de Seguridad y Justicia de la Asociación para una Sociedad Más Justa (ASJ), lanza las preguntas que siguen flotando: “¿Quién advirtió? ¿Quién informó? ¿Por qué no se actuó?”.

Para él, no se trata solo de un fallo técnico. Lo interpreta como una muestra de cómo se debilitan capacidades esenciales en la lucha contra el narcotráfico.

Un problema que cambió de forma

El mapa del crimen ya no es el mismo. La cocaína sigue presente, pero dejó de ser el único frente. Las drogas sintéticas ganan terreno.

Los precursores químicos circulan con mayor facilidad. Y el país empieza a ver algo que antes parecía lejano: producción interna. Ese giro obliga a replantear todo.

No basta con interceptar rutas. Hay que entender nuevas dinámicas, anticiparse a un fenómeno que se mueve más rápido que las respuestas institucionales.

Seguridad
Expertos plantean la urgencia de evaluar las herramientas y estrategias del Estado para enfrentar el narcotráfico en Honduras. Diseño con IA.

La oportunidad de hacerlo distinto

El nuevo gobierno arranca con una ventana que otros no tuvieron igual de clara: el acercamiento con Estados Unidos para combatir estructuras criminales.

Esa relación puede traducirse en cooperación, inversión y fortalecimiento institucional. Pero no se sostiene sola.

Castañeda insiste en que Honduras necesita formular un plan estratégico que dé dirección a esa cooperación. Que no dependa de coyunturas. Que tenga metas, seguimiento y resultados.

Porque sin un rumbo claro, cualquier apoyo se dispersa.

Reformas que abren el camino

Desde el Congreso se anuncian discusiones para reformar el Código Penal y el Código Procesal Penal, especialmente frente a estructuras que se catalogan como terroristas por Estados Unidos.

Son pasos iniciales. Movimientos que pueden marcar un giro si se acompañan de una visión más amplia.

Porque la seguridad no se resuelve con una sola reforma. Se construye con decisiones que se sostienen en el tiempo.

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Piden focalizar los operativos para la intervención en áreas críticas. Foto: Policía Nacional.

El riesgo de repetir la historia

En Honduras, las estrategias de seguridad suelen cambiar de nombre, pero no de fondo. Se presentan nuevos planes, también anuncian operativos. Se endurecen medidas.

Pero sin una política de Estado, todo vuelve al mismo punto: avances temporales que no logran consolidarse. Y en ese espacio, el crimen crece. Se financia, fortalece y se arraiga.

El desafío no solo está en las calles. También está dentro del Estado. La infiltración del crimen organizado en instituciones clave no es un secreto. Lo reconocen autoridades.

Eso vuelve más complejo cualquier esfuerzo. “Porque no basta con combatir afuera. También hay que depurar adentro. Fortalecer el sistema de justicia, mejorar las capacidades penitenciarias, garantizar procesos confiables”, dice Castañeda.

Lo que Honduras no puede seguir postergando

Castañeda lo plantea sin rodeos: “El país necesita una política de seguridad que no dependa del gobierno de turno. Un plan que se construya con visión de largo plazo. Que involucre distintos sectores y se mantenga más allá de un período presidencial”.

Es un plan que no se reinicie cada cuatro años. Honduras no parte de cero. Parte de una historia que se repite.

La diferencia hoy es que el país tiene la oportunidad de romper ese ciclo. No con más anuncios, ni con más cambios de nombre.

Sino con una decisión que haga algo distinto: construir, por primera vez, una seguridad que no se desarme con el tiempo.

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