el hondureño que movía coca con sello Sinaloa

Extraditado desde Guatemala, el hondureño Baldemar Roque Negrete enfrentará cadena perpetua en EE. UU. por narcotráfico internacional.

No era uno, eran varios, o al menos eso parecía cada vez que cambiaba de identidad para moverse sin dejar rastro. Baldemar Roque Negrete, conocido como “Chele Peña”, de origen hondureño, aprendió a desaparecer sin irse. A vivir con otros nombres mientras la droga seguía su camino.

Alex Javier Cardona Estrada. Byron Leonel Reyes Castillo. Auner Montoya Ordóñez. Lucas Waldemar Roque Negrete. Cuatro nombres para un mismo negocio: mover cocaína desde Centroamérica hasta Estados Unidos.

Durante años, esa multiplicidad no fue paranoia, fue estrategia. Porque en el narcotráfico regional, el anonimato no es una opción: es una herramienta de supervivencia.

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El “Chele Peña” de Honduras al engranaje del cartel de Sinaloa

La acusación es directa y sin matices: conspiración para fabricar y distribuir cocaína con destino a Estados Unidos. No se trata de un cargamento aislado, sino de una operación sostenida en el tiempo.

Desde al menos 2016, según las investigaciones, “Chele Peña” no era un simple eslabón. Tenía capacidad de mando, coordinaba, supervisaba, conectaba rutas. Sabía cómo mover la mercancía y, sobre todo, con quién.

Ese “con quién” lo coloca en una liga mayor: estructuras vinculadas al cartel de Sinaloa.

Y ahí es donde la historia deja de ser individual, porque cuando un hondureño entra a esa red, no entra solo. Arrastra territorios, contactos, rutas abiertas y otras que están por abrirse.

Chele Peña
En un operativo cayó el Chele Peña en Guatemala y fue extraditado a Texas. Foto: Prensa Libre Guatemala.

Captura en Guatemala, destino: una corte en Texas

El 26 de enero de 2026, en Zacapa, Guatemala, la fuga terminó. No hubo enfrentamiento ni persecución cinematográfica, solo el momento en que la ruta se cerró.

Dos meses después, el 20 de marzo, fue extraditado a Estados Unidos. El 24 de marzo ya estaba frente a una corte federal en Texas. Ahí ya no importan los alias, solo cuenta una cosa: la acusación.

Si es hallado culpable, la condena puede ser cadena perpetua.

Narcotráfico sin fronteras: la ruta que no se detiene

El caso de “Chele Peña” no es aislado, es un espejo. Muestra cómo el narcotráfico en Centroamérica ya no funciona por células desconectadas, sino como una red integrada que cruza Honduras, Guatemala y México sin pedir permiso.

Cuando se cierra una ruta marítima, la droga busca la carretera y cuando se refuerza una frontera, se abre otra.

Y en medio de ese movimiento constante, aparecen figuras como él: operadores capaces de moverse entre países, cambiar de identidad y sostener el flujo.

El patrón que Honduras no logra romper

Honduras vuelve a aparecer en la ecuación y no como espectador, sino como punto de paso, de conexión, de operación.

Extraditados van, extraditados vienen y los nombres cambian, así como las historias se repiten.

Y mientras tanto, la estructura sigue intacta. En el caso del “Chele Peña”, no es solo quién cae. Es quién sigue operando.

“Chele Peña” ya está en manos de la justicia estadounidense y su historia, al menos la judicial, entra en la recta final.

Pero la red que ayudó a sostener no se desmantela con su captura, se reorganiza y se adapta y sigue moviendo cocaína por las mismas rutas que, desde hace años, atraviesan Honduras como si fueran propias.

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