Allanamientos en Salamá y Silca apuntan a desarticular una estructura ligada a droga, armas y poder local, según la DLCN.
No nacieron en el anonimato. Su historia se arrastra desde las disputas violentas por el control del trasiego de drogas en Colón, donde los enfrentamientos entre estructuras marcaron territorio con sangre. Allí, en medio de esa dinámica, los ahora conocidos como “Los Matute” comenzaron a moverse junto a grupos como los Montes Bobadilla y los Montoya Nataren, una de las organizaciones más violentas que operaron en esa zona.
La experiencia no fue menor: aprendieron cómo se controla una ruta, cómo se impone el miedo y cómo se sostiene el poder.
Pero las disputas los obligaron a retroceder. Regresaron a Olancho, su tierra de origen, y desde ahí empezaron otra historia.
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Los Matute, control territorial en Olancho
En el norte de Olancho, especialmente en municipios como Silca, comenzaron a reorganizarse. Lo hicieron desde abajo, absorbiendo pequeñas bandas, reacomodando liderazgos y construyendo una red que, con el tiempo, se volvió leal a un solo apellido.
Los Matute: las investigaciones los describen como una estructura familiar. Ese detalle no es menor.
“En el crimen organizado, la familia no solo da confianza, también reduce filtraciones y fortalece el control interno”, explica un agente.
Desde ahí, extendieron su dominio. Se les vincula con sicariato, asesinatos múltiples y el manejo de operaciones de droga a nivel local.
Su papel, según las autoridades, no se limita al transporte: también almacenan, resguardan y distribuyen. Es decir, controlan puntos clave dentro de la cadena del narcotráfico.

Allanamientos y presión judicial: el Estado entra en escena
La ofensiva llegó. El Ministerio Público, a través de la Dirección de Lucha Contra el Narcotráfico (DLCN), en coordinación con la FESCCO y con respaldo de la Policía Militar, ejecutó allanamientos simultáneos en Salamá y Silca.
Las acciones responden a meses de investigación, alimentadas por denuncias ciudadanas y trabajos de inteligencia que permitieron identificar movimientos sospechosos ligados a transacciones de droga.
Las autoridades siguieron el rastro, documentaron patrones, consolidaron evidencia y lograron órdenes judiciales para intervenir viviendas y buscar capturas.
Narcotráfico en Honduras: estructuras locales que sostienen rutas mayores
Aunque “Los Matute” no aparecen en grandes investigaciones internacionales, su perfil encaja en un modelo que se repite en Honduras.
Estructuras locales, con bajo perfil. Pero estratégicas. Funcionan como puntos de almacenamiento, custodia y distribución dentro de rutas más grandes del narcotráfico. Sin ellas, la cadena no se sostiene.

Armas, antecedentes y el rastro de la estructura
El expediente no solo habla de droga. En 2025, un caso previo vinculó a presuntos miembros de esta estructura con el hallazgo de fusiles AR-15 en Silca.
Ese dato refuerza una hipótesis que los investigadores ya manejaban: la red no opera sola ni de forma limitada. Tienen capacidad, logística y sobre todo, respaldo armado.
Los Matute no surgieron de la nada. Se formaron en la violencia, se fortalecieron en el anonimato y se consolidaron en el territorio.
Hoy, cuando el Estado intenta cercarlos, queda al descubierto algo más profundo: en Honduras, las estructuras pequeñas ya no son marginales, son piezas esenciales de un engranaje mayor. Y mientras unas caen, otras esperan su turno en silencio.
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