la larga batalla por el sufragio en Honduras

la larga batalla por el sufragio en Honduras

El sufragio en Honduras nació restringido, elitista y profundamente desigual. Hoy parece un derecho natural, pero llegar hasta aquí tomó casi dos siglos de exclusiones, reformas y luchas que pocos recuerdan.

Votar en Honduras comenzó con un peso histórico difícil de ignorar. El historiador Marvin Rivas, docente del Departamento de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), reconstruyó el origen de ese derecho que hoy damos por sentado.

Fue un camino que arrancó en el siglo XIX con un mensaje claro: solo ciertos hombres podían decidir el rumbo del país.

Las primeras reglas electorales, influenciadas por la Constitución Federal de 1824, definieron la ciudadanía de forma estrecha y excluyente.

La primera Constitución de Honduras, escrita en 1825, copió ese modelo: solo los hombres casados, mayores de 18 años y con estatus “respetable” podían votar. Nada más.

Lo que siguió no fue apertura, sino cierre. Durante todo el siglo XIX, en vez de ampliar derechos, los gobiernos levantaron más muros: requisitos de edad, alfabetización, paternidad, propiedad.

Un país donde la mayoría ni leía ni tenía bienes estaba prácticamente expulsado de la vida política.

Votar como privilegio: la élite decide, la mayoría observa

En 1848, bajo Juan Lindo, llegó una de las normas más restrictivas: solo votaban los hombres mayores de 21 años que fueran padres de familia, supieran leer y escribir o tuvieran una profesión.

Rivas recordó que esto reflejó una educación reservada para unos pocos: la élite criolla. El resto del país quedó al margen.

La Constitución de 1860 endureció aún más el escenario: si eras analfabeto, no eras ciudadano. Así, sin más.

Ni siquiera la Reforma Liberal de 1876 cambió esa realidad. En 1880 el Estado exigió renta, profesión u oficio para votar, confirmando lo que el país ya sabía:el sufragio era un privilegio, no un derecho.

Investigar la historia electoral hondureña es entender que, por más de un siglo, votaron pocos, decidían pocos, ganaron los mismos.

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Cuando la modernidad llegó… pero la trampa también: el sufragio en 1894

La Constitución de 1894, “La Gloriosa”, suele celebrarse como un avance porque introdujo el voto secreto y formalizó los censos, papeletas y actas.

Pero Rivas advirtió que la modernización también trajo nuevas formas de manipulación electoral.

El Estado parecía abrir puertas, pero también perfeccionó mecanismos de control. El sufragio avanzó, sí, pero bajo vigilancia.

El siglo XX y un cambio que tardó demasiado: el sufragio femenino

Las constituciones de 1904, 1921 y 1924 mantuvieron la esencia excluyente del voto. El país siguió atado al mismo patrón: alfabetización, matrimonio, edad.

El cambio profundo llegó hasta mediados del siglo XX, casi 130 años después de la primera Constitución.

El sufragio femenino comenzó a tomar forma en 1955 bajo el gobierno de Julio Lozano Díaz.

Rivas recordó que Lozano Díaz no fue electo democráticamente, pero aun así reconoció ese derecho histórico.

La verdadera conquista se consolidó en 1957, con Ramón Villeda Morales.Por primera vez, las mujeres pudieron votar y ser electas.

Rivas lo dijo claro: “Desde 1825 hasta 1957, la mujer jamás apareció en las constituciones como ciudadana con plenos derechos”. Eso no fue una concesión: fue una lucha profunda y sostenida.

La transición democrática: cuando el sufragio finalmente fue de todos

Durante los gobiernos militares y las reformas de 1965, se mantuvo el voto para hombres y mujeres mayores de 18 años.

Pero el verdadero punto de inflexión llegó en 1982. La Constitución vigente consagró el sufragio universal, obligatorio, igualitario, directo, libre y secreto.

Por primera vez en la historia hondureña, todos tenían derecho al voto. No importaba la educación. No importaba el sexo, la propiedad o el origen.

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Sufragio y memoria: lo que está en juego cada vez que vamos a votar

En su exposición, Rivas cerró con un mensaje que vale para este fin de semana, para este año electoral, para las próximas generaciones.

La historia del sufragio en Honduras no es solo una lista de reformas. Es la lucha de mujeres, campesinos, trabajadores, indígenas, jóvenes y pobres a quienes durante casi dos siglos los excluyeron del derecho a decidir.

Hoy votamos porque ellos no pudieron. Hoy elegimos porque ellos lucharon para que ese privilegio se volviera un derecho.

La historia, recordó Rivas, nos exige una sola cosa: valorar el voto conociendo su precio.

Un precio que no se mide en papeletas, sino en memoria.

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