hondureños sin recursos para buscar a los suyos

hondureños sin recursos para buscar a los suyos

La pobreza no solo obliga a miles de hondureños a migrar, sino que también les impide buscar a quienes desaparecen en México.

En Honduras, la desaparición de un migrante en México no solo rompe una familia: también evidencia una desigualdad que hiere dos veces. Cuando alguien desaparece en el camino hacia Estados Unidos, la primera barrera para buscarlo no es el crimen ni la distancia: es la pobreza.

El informe “Estudio de análisis del MAEBI y su funcionamiento en El Salvador, Guatemala y Honduras”, señala que la mayoría de familias hondureñas de migrantes desaparecidos vive en pobreza o pobreza extrema, con ingresos inestables, trabajos informales y sin capacidad de ahorrar.

Esta realidad convierte la búsqueda en un privilegio al que no pueden acceder. Buscar exige dinero: dinero para viajar, para comer, para dormir, para tramitar documentos, para insistir.

Pero la mayoría ni siquiera puede costear el primer paso.

La pobreza que frena la denuncia

Para denunciar formalmente una desaparición en México y tener acceso a información o investigación, se necesita viajar a ese país.

El informe registra que para las familias hondureñas esto es materialmente imposible:

  • No tienen cómo pagar una visa mexicana.
  • Además, no pueden costear un vuelo o un viaje terrestre.
  • Tampoco pueden ausentarse de trabajos precarios que pagan por día.
  • No tienen recursos para hospedaje, alimentación o asistencia legal.

Así, la pobreza se convierte en un cerco que impide incluso levantar la voz.El desaparecido queda atrapado en otro país, y la familia, atrapada en el suyo.

De interés: La ruta del ADN: hondureños desaparecidos en morgues de EE. UU.

Un viaje que se cierra antes de comenzar

“El problema es que no puedo ir”, repiten madres hondureñas en testimonios del informe.

No pueden porque no hay dinero, porque hay otros hijos que alimentar, porque viven en comunidades remotas sin acceso siquiera a oficinas estatales.

Viajar a México se vuelve una fantasía dolorosa. La ruta migrante que sus familiares recorrieron arriesgando la vida es una ruta que ellas no pueden siquiera intentar por falta de recursos.

Para muchas, México queda tan lejos como la justicia misma.

Entre la ausencia del Estado y las limitaciones del hogar

La falta de recursos no es el único muro. A esa desigualdad económica se suma la desorientación institucional: muchas familias no saben a qué autoridad acudir ni qué pasos dar.

El informe detalla que la falta de acompañamiento y rutas claras agrava la vulnerabilidad de las familias, que pasan años intentando informarse sin lograr que sus casos avancen.

La pobreza, entonces, no solo limita la movilidad: limita también la capacidad de exigir. Mientras luchan por sobrevivir, también luchan por no olvidar a los suyos.

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La desigualdad que decide quién puede buscar y quién no

La desaparición migrante no afecta a todos por igual. Quien tiene dinero puede moverse, preguntar, presionar, contratar abogados.

Quien no lo tiene, espera. Y esperar, en temas de desaparición es perder tiempo, vida y verdad.

El informe lo deja claro: la búsqueda la marca la desigualdad económica.Esa desigualdad define quién tiene acceso a la justicia y quién queda condenado a guardar silencio.

El muro que los separa no es solo el que divide países. Es un muro invisible, hecho de carencias, desigualdad y abandono, que mantiene a miles de hondureños mirando hacia el norte sin poder dar un solo paso.

Buscar a los suyos se convierte, así, en otro sueño inalcanzable. Un sueño que duele, que pesa y que, para muchos, la pobreza jamás permitirá alcanzar.

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