
En Honduras, mujeres pobres y sin oportunidades están siendo reclutadas, engañadas o forzadas para transportar droga dentro de sus cuerpos.
Cuando Ana aceptó tragarse 58 cápsulas de cocaína, no pensó en morir, pensó en comer. Pensó en sus hijos. Pensó en una deuda que ya no podía pagar.
En la terminal de buses de San Pedro Sula, rodeada de ruido y vendedores ambulantes, nadie sabía que aquella hondureña cargaba en su estómago más droga de la que jamás había visto en su vida.
Ana no quería delinquir. Quería sobrevivir. Su historia es la de muchas mujeres hondureñas que, ante la pobreza extrema, la violencia intrafamiliar o la manipulación de un hombre que “las quiere”, terminan convertidas en cápsulas humanas, arriesgando su vida en cada ingestión.
Hondureñas convertidas en cápsulas humanas
El Diagnóstico Regional sobre Criminalidad Organizada y Género, elaborado por COPOLAD (Programa de Cooperación entre América Latina y la Unión Europea en materia de políticas de lucha contra la droga), describe cómo los grupos criminales en América Latina recurren cada vez más a mujeres para transportar droga dentro de su cuerpo.
Las razones son tres:
En Honduras, esta realidad se vive en silencio, entre terminales, puntos ciegos y fronteras, explica un agente antinarcóticos.
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El reclutamiento: promesas, amenazas y silencio
A Ana la contactó su expareja. A otras las recluta un vecino, una “amiga”, un falso empleador… o un hombre que dice querer ayudarlas.
“No buscan a mujeres con opciones, buscan a mujeres con hambre”, explica el agente.
Detalla los mecanismos más comunes:
- Promesas de empleo para trabajar como “ama de llaves” en otro país.
- Ofertas rápidas de dinero (L 10,000 a L 20,000 por viaje).
- Deudas inventadas que las obligan a “pagar” con un traslado.
- Violencia doméstica usada como herramienta de sometimiento.
- Amenazas contra sus hijos si se niegan.
“Muchas no saben cuánto vale la droga; solo saben que, si no aceptan, alguien en su casa paga el precio”, añade el agente.
El proceso: tragarse la droga y rezar
El procedimiento es violento, doloroso y peligroso:
- Se las encierra en un cuarto.
- Les prohíben comer por horas.
- Las obligan a beber aceite o lubricantes.
- Engullen cápsulas del tamaño de un dedo, una tras otra.
- Las vigilan para asegurarse de que no vomiten.
Cada cápsula puede matar. Si una se rompe, el cuerpo colapsa en minutos.
“He visto mujeres temblando, llorando. Ninguna lo hace porque quiere. Lo hacen porque tienen miedo o necesitan el dinero”, confiesa el agente.
Zonas de reclutamiento en Honduras
COPOLAD identifica que este patrón ocurre en zonas de pobreza extrema, alta migración o fuerte presencia de crimen organizado. En Honduras, los casos suelen aparecer en:
- San Pedro Sula
- El Progreso
- La Ceiba
- Choluteca
- Tegucigalpa
- Regiones fronterizas con Guatemala
Son áreas donde la vulnerabilidad social y el control criminal convergen.
El drama después del viaje
Las que logran llegar vivas y no son capturadas regresan con:
- Miedo a represalias
- Deudas más grandes que antes
- Secuelas físicas
- Miedo a denunciar
- Una vida marcada por un silencio forzado.
“Muchas mujeres regresan con infecciones graves y depresión. El narco se queda con el dinero; ellas se quedan con el trauma”, relata un psicólogo que conoce casos de mujeres “mulas”, (mujeres que se incorporan a la cadena de tráfico de drogas).
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Mujeres sobrevivientes
En un país donde la pobreza y la violencia empujan a miles a buscar cualquier salida, muchas hondureñas se vuelven “correos humanos”.
Estas mujeres arriesgan su vida en la sombra de un delito que no iniciaron ni controlaron.
No son criminales; son mujeres pobres, manipuladas, amenazadas, engañadas.Son víctimas invisibles que tragan cápsulas para sobrevivir.
Honduras les debe algo más que cárcel o silencio. Les debe protección, justicia y la oportunidad de no volver a arriesgar la vida para alimentar a sus hijos.