
Alias Tungo cumplió condena en una cárcel de Nueva York. Cinco meses después de ser deportado, fue hallado calcinado dentro de un vehículo en Catacamas.
Harby Rigoberto Vargas Sánchez, “El Tungo”, llegó a Honduras el 31 de mayo de 2023, tras cumplir una condena de 65 meses en Estados Unidos por narcotráfico.
El vuelo que lo trajo de Filadelfia a San Pedro Sula marcó el final de su pena judicial, pero también el inicio de su sentencia mortal.
El Tungo fue deportado luego de purgar parte de su castigo en la prisión federal de Otisville, Nueva York, donde lo recluyeron tras un juicio en Florida que lo halló culpable de conspirar para introducir al menos seis kilos de cocaína a territorio estadounidense.
Al regresar, no tardó en volver a Catacamas, Olancho, el bastión donde los viejos clanes del narcotráfico aún dictan las reglas.
El Tungo en Catacamas, el corazón del narcotráfico en el oriente
La ciudad de Catacamas, rodeada por las sierras de Agalta y la cadena montañosa de Colón, es una de las rutas históricas del trasiego de cocaína procedente del sur.
Desde los años noventa, este corredor lo dominan redes que combinan poder político, militar y criminal.
En este territorio, agentes antinarcóticos aseguran que se consolida el clan de Los Amador, una estructura familiar con control político y vínculos históricos con el narcotráfico.
Según informes de inteligencia, su influencia persiste pese a los golpes policiales y decomisos sufridos en la última década.
Frente a ellos, se disputa el control Los Piningos, grupo con raíces en Gracias a Dios y conexiones con políticos locales y sicarios que manejan el tráfico desde la frontera con Nicaragua.
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El último viaje de El Tungo
En algún momento de 2019, antes de que la pandemia cerrara fronteras, El Tungo viajó a Colombia.
Allí comenzó su caída. Lo detuvieron días después en Miami. Tras su liberación y deportación en 2023, regresó a Olancho, quizá buscando recuperar el terreno perdido o saldar viejas deudas.
Pero el oriente hondureño cambió: los reacomodos entre narcos, tras la caída de los grandes clanes como Los Cachiros y Los Valle Valle, reescribieron el mapa criminal.
Cinco meses después de su regreso, el 27 de octubre de 2023, un grupo armado interceptó la todoterreno blanca en la que se movilizaba junto a otra persona por los caminos de Catacamas.
Abrieron fuego, los asesinaron y luego quemaron el vehículo. Los cuerpos fueron hallados calcinados en la zona de El Naranjal.
Forenses confirmaron que ambos recibieron cuatro disparos cada uno antes o después del incendio.
Ajustes de cuentas y reacomodos del poder narco
“Son ajustes de cuentas entre grupos de la zona”, dijo un funcionario hondureño bajo anonimato.
La versión coincide con la lectura de los investigadores: los asesinatos son parte de la guerra silenciosa que reordena el mapa criminal de Olancho.
Tras la fragmentación de los grandes cárteles, nuevos actores emergieron. Los Amador mantienen control en Catacamas, pero compiten con facciones que buscan dominar las rutas que conectan el Atlántico con la frontera nicaragüense.
Cada vacío de poder deja cadáveres, y El Tungo fue una víctima más de esa disputa.
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El eco de un regreso que nunca debió ocurrir
El caso de Harby Rigoberto Vargas Sánchez resume la crudeza del narcotráfico hondureño: ni las cárceles de Estados Unidos ni los años fuera del país bastan para romper los hilos del poder criminal.
Volvió a su tierra, quizá buscando refugio, pero encontró el mismo destino que a tantos otros que se atrevieron a volver donde mandan los clanes.