
En 2050, una de cada cuatro personas tendrá más de 60 años, pero la mayoría no contará con una pensión digna.
Doña María, de 71 años, vende tortillas en una esquina de Tegucigalpa desde hace tres décadas. Nunca cotizó al Seguro Social y su único ingreso fijo son los 2,500 lempiras mensuales que recibe; no tiene pensión.
“No me alcanza ni para mis medicinas”, dice con resignación. Su historia no es aislada: es el reflejo de lo que el Informe Estado de la Región llamó una “bomba de tiempo social” en Centroamérica.
Centroamérica envejece, pero sin pensión, sin seguridad social
Según el informe, la población mayor de 60 años en la región pasó de representar el 5 % en 1994 al 9 % en 2020, y se duplicará para 2050, cuando una de cada cuatro personas será adulta mayor.
En Honduras, ese cambio demográfico avanza sin que el sistema público logre adaptarse:
- El 62 % de los hogares con adultos mayores viven en pobreza.
- Menos del 40 % de las personas en edad de jubilarse recibe una pensión, y la mayoría de los que la tienen cobran montos por debajo de la línea de pobreza.
- La esperanza de vida ronda los 74 años, pero el gasto público en salud no supera los $100 por persona al año, uno de los más bajos de Centroamérica.
La advertencia del informe es contundente: si los países no reforman sus sistemas de pensiones y salud, el envejecimiento se convertirá en una crisis de bienestar y desigualdad.
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Un sistema de pensiones que no alcanza
El Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) apenas cubre a una minoría de trabajadores formales, mientras el resto sobrevive en la informalidad o sin registro laboral.
En paralelo, los fondos de pensiones estatales enfrentan riesgos de sostenibilidad y falta de diversificación.
En países como Costa Rica o Panamá, donde la cobertura supera el 50 %, las reformas previsionales se discuten con urgencia.
Pero en Honduras, donde más del 70 % de la población económicamente activa trabaja en la informalidad, el debate se estanca.
El envejecimiento no es solo un tema de números: es una deuda moral con quienes sostuvieron la economía desde la base.
Envejecer en pobreza: un rostro invisible
El informe también resalta las brechas de género: las mujeres viven casi seis años más que los hombres, pero tienen menos acceso a pensiones y beneficios.
La mayoría dedicó su vida a trabajos no remunerados o informales. “El 75 % de las personas mayores que reciben pensión en la región perciben montos insuficientes”, detalla el estudio.
En Honduras, esto significa elegir entre comer o comprar medicinas. A medida que la población joven emigra y la natalidad cae, los hogares quedan encabezados por abuelos que cuidan nietos mientras sobreviven con ingresos mínimos.
Es el rostro silencioso del envejecimiento sin protección social.
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Un reto para el Estado y la sociedad
El documento llama a reformar los sistemas de salud y pensiones, invertir en educación y productividad, y crear políticas de cuidado diferenciadas por género.
El reto para Honduras es doble: modernizar su sistema de pensiones y asegurar atención digna para la tercera edad, antes de que la carga social se vuelva insostenible.
El tiempo apremia: el bono demográfico se agota, y el país aún no construye una red que proteja a quienes dieron su vida al trabajo.
El desafío no es solo económico, sino humano. Envejecer con dignidad debe ser un derecho, no un privilegio.