La Policía de Oakland perseguía a un sospechoso de robo. El allanamiento destapó una operación de narcotráfico que operaba desde su propia casa.
Lo que comenzó como la investigación de un violento asalto a una vivienda destapó una historia mucho más oscura de un hondureño.
La Policía llegó tras la pista de un sospechoso, pero al cruzar la puerta de su casa encontró lo que, según la Fiscalía de Estados Unidos, era una operación de distribución de drogas que funcionaba mientras varios niños vivían bajo el mismo techo.
Ese hallazgo cambió por completo el rumbo del caso y llevó a un hondureño a recibir una condena de 16 años de prisión federal en California.
Se trata de Maxfer Palma, de 30 años, a quien un juez federal sentenció tras declararlo culpable de posesión con intención de distribuir metanfetamina, fentanilo, almacenar metanfetamina en una vivienda donde había menores de edad y utilizar un arma de fuego para facilitar actividades de narcotráfico.
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Un hondureño, del asalto al hallazgo que cambió la investigación
Todo comenzó cuando investigadores de la Policía de Oakland lo identificaron como sospechoso de participar en un violento asalto domiciliario.
De acuerdo con el expediente judicial, varias personas encapuchadas irrumpieron por la fuerza en una vivienda y golpearon con la culata de una pistola a dos de las víctimas.
Esa investigación condujo a los agentes hasta la residencia del hondureño, donde el 11 de abril de 2023 ejecutaron un allanamiento que reveló un escenario muy distinto al que inicialmente buscaban.
Dentro de la vivienda encontraron más de dos kilogramos de metanfetamina, más de 200 gramos de una mezcla con fentanilo, otras sustancias controladas, un arma de fuego y municiones.
Pero hubo un detalle que agravó aún más el caso: en el inmueble permanecían varios niños, entre ellos dos menores que aparentaban tener menos de diez años.

El celular terminó hablando
La investigación no terminó con el decomiso, al revisar el teléfono celular y las cuentas de redes sociales de Palma, hallaron otras evidencias.
Según el Departamento de Justicia, lo vincularon tanto con el asalto como con la venta de drogas en East Oakland y el barrio Tenderloin, en San Francisco.
Las autoridades sostuvieron que el hondureño llevaba al menos siete meses distribuyendo metanfetamina y otras sustancias antes de ser capturado.
Esas pruebas se presentaron durante el juicio y convencieron al jurado, que en marzo de 2026 emitió un veredicto de culpabilidad.

Una condena que irá más allá de la prisión
El juez federal Jon S. Tigar impuso una pena de 192 meses de prisión, equivalentes a 16 años, además de cinco años de libertad supervisada una vez que cumpla la condena y posterior deportación.
El caso lo investigó la Administración para el Control de Drogas (DEA), la Policía de Oakland y la Policía de San Francisco.
Esas agencias sostuvieron que una investigación iniciada por un asalto dejó al descubierto la otra vida que llevaba el hondureño.
Una dedicada, según las pruebas judiciales, al tráfico de drogas en dos de los sectores más golpeados por el narcomenudeo en el norte de California.
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