Helicópteros, rastreos y comandos especiales se despliegan en un área donde el aislamiento y la geografía les permitieron operar.
Durante años, las montañas que conectan Sulaco con Marale permanecieron lejos de los grandes operativos y de la atención nacional. En esos caminos de tierra, el Estado llegó tarde, y a veces nunca. Mientras, el aislamiento convertía a la región en un corredor ideal para moverse sin ser visto y levantar redes criminales.
“El Diablo” es un hombre que, según líneas de investigación, encontró en la montaña el refugio perfecto para mover su estructura y desafiar la presencia de las autoridades durante años.
Hoy, el ruido de helicópteros rompe el silencio de la montaña. Comandos especiales avanzan entre zonas boscosas y retenes improvisados comenzaron a aparecer en accesos rurales donde antes casi no había presencia policial.
Todo forma parte de la cacería desplegada contra la estructura vinculada en investigaciones a delitos como tráfico de drogas, homicidios y secuestros.
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Un corredor donde entrar nunca fue sencillo: ahora menos con “El Diablo”
Fuentes ligadas a los operativos sostienen que esas condiciones de la geografía permitieron durante años que grupos criminales encontraran espacios para movilizarse y ocultarse.
Los caminos estrechos, las zonas boscosas y la complejidad del terreno obligan ahora a desarrollar operaciones prolongadas que requieren apoyo aéreo, rastreos terrestres y presencia táctica en distintos puntos de la montaña.
En varias aldeas, el movimiento inusual de patrullas y sobrevuelos comenzó a alterar la rutina cotidiana.
Habitantes de sectores rurales relatan que los retenes aparecieron en accesos poco transitados y que el sonido de aeronaves se volvió constante en áreas acostumbradas al silencio.

La persecución que transformó el paisaje
El despliegue de seguridad aumentó luego de información de inteligencia que apuntó a movimientos vinculados con el grupo criminal.
A partir de entonces, las operaciones comenzaron a extenderse por distintos sectores montañosos considerados estratégicos por las autoridades.
De manera preliminar trascendió que durante una incursión reciente se habría producido un intercambio de disparos entre fuerzas especiales y presuntos integrantes de la estructura.
Las versiones sobre lo ocurrido con “El Diablo” siguen siendo contradictorias y hasta ahora ninguna institución confirma oficialmente si al sospechoso lo capturaron o murió durante el operativo.

Cuando la montaña favorece al crimen
Expertos en seguridad advierten que las regiones rurales y montañosas representan uno de los mayores desafíos para las operaciones contra estructuras criminales.
“La combinación de aislamiento, poco control territorial y rutas difíciles de vigilar convierte estos espacios en escenarios complejos para las autoridades”, dice Kenneth Madrid, analista.
En el caso de la persecución contra “El Diablo”, la montaña dejó de ser únicamente paisaje para convertirse en el principal tablero de la operación.
Cada sendero, salida rural y zona boscosa representa una ventaja para quienes conocen el terreno y una dificultad adicional para los cuerpos de seguridad.
Por eso, la presión desplegada en las últimas horas no solo busca ubicar a un hombre señalado por múltiples delitos.
También refleja el intento del Estado por recuperar presencia en una franja montañosa.
En esa zona, durante demasiado tiempo el control quedó del lado de quienes aprendieron a esconderse entre la geografía y el silencio.
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