perfil del hombre que aterroriza Yoro

Autoridades lo vinculan con una estructura criminal que, según investigaciones, busca controlar corredores delictivos en Yoro y zonas cercanas.

En los informes policiales no aparece como un nombre cualquiera. A Esteban Gumercindo Ferrera Rodas lo ubican, según autoridades, como la figura que mueve los hilos de una estructura criminal que instaló el miedo en Yoro. Lo conocen como “El Diablo” y tiene precio.

Su inclusión en la lista de los más buscados no responde únicamente a una orden de captura vigente, sino al peso que, de acuerdo con agentes de investigación, tendría dentro de las operaciones delictivas que golpean ese corredor.

En torno a su figura se construye un perfil que mezcla frialdad, cálculo y control, elementos que —según las líneas investigativas— sostienen la dinámica de una estructura que se expande desde la sombra.

Pero no se trata de una incorporación cualquiera, según las autoridades, Ferrera Rodas sería el presunto líder del denominado Cartel del Diablo.

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“El Diablo”, la “mente” detrás de la violencia en Yoro

Agentes de investigación consultados por tunota.com lo describen como una pieza clave dentro de las operaciones criminales que golpean la zona.

Uno de ellos lo definió como “la mente maestra” de las acciones ejecutadas en el departamento de Yoro y sus alrededores.

“Sus acciones se encaminan a tener el control total de las operaciones delictivas en el corredor. Nuestras fuentes nos informan que es desconfiado y que quienes lo rodean son de su máxima confianza”, relató un agente.

Esa descripción permite asomarse al perfil que las autoridades le atribuyen: un hombre calculador, frío, estratégico y vengativo que no solo operaría desde la violencia, sino desde el control interno de quienes forman parte de su círculo más cercano.

Agentes de investigación comentan que el recorrido de “El Diablo” no empezó en la clandestinidad total: “Estuvo recluido en la cárcel de Yoro, donde cumplió una pena vinculada a delitos de drogas”, relata el oficial.

Sin embargo, tras su salida su figura no se diluyó, sino que tomó otra forma.

En Ilama

Las mismas fuentes señalan que “El Diablo” fue posteriormente trasladado a la cárcel de Ilama, Santa Bárbara, un punto clave dentro del sistema penitenciario.

Allí, aseguran, no solo fortaleció contactos, sino que habría afinado su forma de operar.

En ese entorno —marcado por la presencia de estructuras como la Pandilla 18 en zonas de influencia como Victoria, Yoro,— se habría consolidado la base de lo que hoy las autoridades identifican como su propia agrupación criminal.

Desde entonces su dinámica cambió. “Pasó de ser un eslabón más a construir una red propia, con refugio en zonas montañosas y un círculo cerrado de confianza”, lo que complica su ubicación y refuerza la percepción de control que mantiene en el corredor, señalan.

Una estructura señalada de sembrar miedo

A la agrupación criminal que presuntamente lidera se le acusa de mantener a comunidades enteras bajo presión.

De acuerdo con la información oficial, el patrón que movería a esta estructura no sería únicamente la comisión de delitos, sino la intención de imponer dominio territorial, controlar rutas y enviar mensajes de fuerza en zonas donde la población termina atrapada entre el silencio, la amenaza y la violencia.

El Diablo dos

Secuestros, homicidios y tráfico: el rastro que le atribuyen

Secuestros, homicidios, asesinatos y tráfico de drogas y armas forman, según autoridades, el abanico de delitos que se le atribuye al denominado Cartel del Diablo.

No se trata de hechos aislados, sino de una lógica operativa que combina violencia directa.

De acuerdo con agentes consultados, la estructura no solo ejecuta, sino que ordena, planifica y mide cada movimiento.

El patrón que describen apunta a una organización que castiga, intimida y se expande. En ese engranaje, “El Diablo” aparece como la figura que articula decisiones y mantiene cohesionada a la red.

La inclusión de “El Diablo” en la lista de los más buscados expone una prioridad para las fuerzas de seguridad: ubicar a quien consideran uno de los operadores más relevantes detrás de la criminalidad que golpea esa zona del país.

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