Equipos especializados trabajan a contrarreloj en Quimistán para neutralizar toneladas de cianuro tras un accidente que mantiene en alerta la zona.
El olor no se ve, pero se teme. En la carretera CA-4, en el kilómetro 48, a la altura de Quimistán, en Santa Bárbara el peligro no llega con sirenas ni con humo denso, sino en silencio. Está en el suelo, en los sacos rotos, en el polvo que nadie quiere respirar. Es cianuro. Y basta un error para que todo cambie.
Ahí, sobre el asfalto interrumpido, la escena no es de caos, sino de precisión. Cada paso se mide y cada movimiento se calcula. Porque aquí no hay margen para improvisar.
Han pasado más de 24 horas desde que comenzó la emergencia y nadie se ha retirado.

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Cianuro, cuatro fases para esta emergencia
La operación no ha sido improvisada. Tiene etapas. Tiene orden. Tiene urgencia.
“Hemos tenido cuatro etapas, la primera fue evacuación de los heridos, traslados hacia San Pedro Sula. La segunda etapa, extracción de los ocho cadáveres, la tercera, el control de derrame de cianuro y la cuarta, vamos a proceder a retirar con tres grúas las 20 toneladas de producto que está aquí y trabajamos en eso”, explicó el capitán Adalberto Romero, comandante de la estación de Bomberos en Quimistán, Santa Bárbara.
Cada fase deja ver lo que ocurrió: un accidente que no solo cobró vidas, sino que dejó expuesto un químico que puede escalar el daño si no se controla a tiempo.

Trabajar donde el aire también puede matar
La escena no es de caos. Es de precisión. Según reportes de autoridades y del personal en la zona, los equipos especializados ingresan por ciclos cortos, de aproximadamente 15 minutos, para reducir la exposición al químico. No pueden quedarse más tiempo.
Antes de cualquier intervención, los técnicos verifican que no exista presencia de gas cianhídrico en el ambiente. Sin esa medición en cero, no hay movimiento y aquí, cada paso se gana.

Cómo intentan neutralizar el material peligroso
De acuerdo con autoridades locales y personal técnico, el proceso inicia con la aplicación de un agente alcalino sobre el material derramado.
La intención es disminuir su peligrosidad y permitir su manipulación bajo condiciones controladas. Luego, se realizan mediciones constantes para descartar emisiones tóxicas.
Solo cuando el ambiente lo permite, el material es recolectado en bolsas especiales de alta resistencia, diseñadas para contener sustancias peligrosas. Todo bajo monitoreo permanente.

El riesgo en la zona
El contenedor que transportaba el cianuro, unas 20 toneladas, sigue en la carretera. Su peso y las lluvias que han estado cayendo en los últimos días impiden que sea retirado con facilidad, dejando material atrapado debajo.
Esa es la parte que aún preocupa y por eso, la siguiente fase ya está en marcha: mover la estructura con apoyo de tres grúas para acceder al químico que permanece oculto.
Quimistán no solo enfrenta un accidente. Enfrenta un químico que no avisa, que no perdona y que no se ve.
Por eso, más que limpiar la carretera, lo que ocurre ahí es otra cosa: una operación para impedir que el veneno avance más allá del asfalto.
Y en esa línea, delgada, tensa, siguen trabajando. Sin margen de error.
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