Tras un año de rastreo internacional, autoridades logran rescates y capturas, pero decenas de sospechosos siguen sin ser ubicados
Todo empezó en 2025, pero no con un operativo visible ni con capturas inmediatas contra abusadores.
Empezó revisando lo que otros dejaron atrás en archivos olvidados, imágenes sin nombre, casos que llevaban años sin resolverse.
Fue entonces cuando la operación Eclipse comenzó a armar una verdad incómoda: las víctimas no desaparecieron: nunca fueron identificadas.
Durante doce meses, investigadores de nueve países, entre ellos Honduras, siguieron rastros digitales, conectaron casos dispersos y reconstruyeron una red que operó en silencio a lo largo de América.
El resultado rompió ese silencio: 65 víctimas identificadas y 60 detenidos. Pero el golpe más fuerte no está solo en los números, sino en lo que estos revelan.
Casos de abusadores que nunca se cerraron
Eclipse no buscó únicamente delitos recientes. Se enfocó en lo que llevaba años sin respuesta. Casos archivados en bases de datos internacionales, algunos con más de una década, volvieron a abrirse.
En Panamá, una víctima permaneció más de diez años sin ser identificada. Fue hasta ahora, con el trabajo conjunto de especialistas que analizaron imágenes y reconstruyeron pistas, que se logró ubicarla.
Ese hallazgo no solo permitió su protección, también llevó a identificar a otra víctima de abusadores y fortaleció los procesos judiciales.
Cuando el abuso ocurre dentro del entorno cercano
La operación también dejó al descubierto una realidad más compleja: los abusadores no siempre están lejos.
En República Dominicana, dos detenidos estaban directamente vinculados con las víctimas. Entre ellos, la madre de dos menores, acusada de facilitar y perpetrar los abusos, junto a un agresor transnacional que convivía con ellas.
El caso reveló que las redes que no solo cruzan fronteras, sino que también se infiltran en espacios de confianza.

Internet, el nuevo punto de contacto
Las investigaciones mostraron un patrón constante: el uso de plataformas digitales para acercarse a las víctimas.
En Costa Rica, un agresor se hizo pasar por una figura reconocida en internet para ganarse la confianza de una menor.
Luego vinieron la manipulación, la sextorsión y las amenazas contra su familia. El caso llevó más de diez años registrado sin resolverse hasta que finalmente fue esclarecido.
La red no solo operaba en lo físico. También se movía con facilidad en el entorno digital.
Honduras en el mapa de una red regional
Honduras forma parte de los países donde se desarrolló la operación, lo que lo ubica dentro de un entramado regional donde estos delitos se investigan y persisten.
Aunque no se detallan casos específicos en el país, la Fiscalía asegura que se identifican a varios abusadores en la operación Eclipse.
Hay un dato que pesa más que las capturas: 57 personas vinculadas a estos delitos seguían bajo notificación internacional. Hasta ahora, solo 12 han sido localizadas y detenidas.
El resto continúa sin ser ubicado. Eso deja una advertencia abierta: mientras algunos casos se resuelven, otros podrían seguir activos en algún punto de la región.
“Investigar casos antiguos no solo sirve para hacer justicia, sino para evitar nuevos daños”, advirtió Cyril Gout, de Interpol.
La operación Eclipse no cerró la historia. Porque cuando un delito puede permanecer oculto durante años, el verdadero riesgo no es lo que ya pasó… sino lo que aún puede estar ocurriendo.
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