Ingenieros afinan el proyecto Morazán bajo estándares internacionales, mientras JAXA valida cada componente antes de su envío a Japón
En la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, el satélite Morazán dejó de ser un proyecto lejano y entró en una etapa donde cada decisión cuenta. Ya no se trata de diseñar, sino de demostrar que está listo para volar.
Dos especialistas de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), Kazuki Toyama y Takuya Ozawa, recorren los laboratorios de Ciudad Universitaria con el objetivo de verificar que el nanosatélite cumpla con las condiciones exactas que exige su lanzamiento.
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Revisión técnica define el futuro del satélite
El equipo hondureño alcanzó un 80 % de ejecución, pero ese avance no garantiza nada.
Toyama lo explicó sin rodeos: “El satélite debe cumplir con cada especificación para poder ingresar correctamente a la Estación Espacial Internacional“.
Las dimensiones, los sistemas electrónicos y la estructura no admiten margen de error. Esa validación técnica marca el punto más exigente del proyecto.
Lo que hoy se prueba en Tegucigalpa determinará si el Morazán logra cumplir el cronograma que lo llevará a Japón en octubre de 2026, antes a su lanzamiento previsto para abril de 2027.
Fernando Zorto, coordinador del proyecto, reconoce el peso de este momento. “El equipo entra en meses de trabajo intenso, donde cada ajuste acerca o aleja la posibilidad de cumplir la meta”.

Proyecto Morazán y cooperación aeroespacial Honduras
La visita de JAXA no solo revisa el presente, también abre una puerta hacia el futuro. Javier Mejuto, decano de la Facultad de Ciencias Espaciales, lo plantea como un punto de partida. “Morazán es el primero, pero no pretende ser el único”.
El proceso de validación también permite explorar nuevas colaboraciones, una señal de que la apuesta por la ciencia espacial empieza a tomar forma dentro de la universidad.
El proyecto se inserta en el programa KiboCUBE, una iniciativa que permite a países en desarrollo lanzar nanosatélites sin costo, lo que representa un ahorro significativo cercano a los 500 mil dólares.

Acompañamiento japonés
Desde la Dirección de Investigación Científica, Marcos Zúñiga sostiene que el acompañamiento japonés confirma algo más que un respaldo técnico.
Muestra que el proyecto logró posicionarse en un entorno altamente competitivo, donde cada avance se mide con estándares internacionales.
El Morazán se construye en Honduras, pero su mirada apunta más allá. En los laboratorios, entre cálculos y pruebas, no solo se arma un satélite.
Se ensaya la posibilidad de que el país entre en una industria donde hasta ahora ha sido espectador.
El calendario ya está marcado. Y en esa cuenta regresiva, cada revisión pesa. Porque esta vez, el espacio no queda tan lejos.
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