Menos incautaciones no implican menos droga. Expertos advierten cambios en rutas, métodos y capacidad estatal para enfrentar el tráfico.
Honduras no encabeza los decomisos de droga en la región. Tampoco aparece como protagonista en los grandes golpes contra el narcotráfico marítimo. Pero sí está en el mapa. Y eso, en un contexto donde las rutas se transforman constantemente, no es un dato menor.
Un análisis regional sobre el tráfico marítimo de drogas ubica al país dentro del corredor centroamericano, aunque con cifras modestas: apenas tres eventos y poco más de una tonelada incautada.
Un bajo perfil que, lejos de ser tranquilizador, abre una interrogante más compleja: ¿se está decomisando menos… o detectando menos?
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Menos incautaciones no significa menos narcotráfico en Honduras
El analista en seguridad German Licona lo plantea sin rodeos. En 2025, Honduras reportó alrededor de 1.5 toneladas de cocaína decomisadas, una cifra baja frente a años anteriores, cuando en 2024 se superaron las 24 toneladas.
“Esto, en un país que sigue siendo parte del corredor centroamericano, puede interpretarse de tres formas”, advierte.
Primero, que no significa automáticamente menos tráfico. Honduras sigue siendo un punto geográfico clave dentro de las rutas que conectan Sudamérica con Norteamérica.
Segundo, puede reflejar una menor capacidad de detección o interdicción. Menos decomisos —explica— pueden indicar menos inteligencia operativa efectiva, menor presencia estatal en zonas estratégicas como La Mosquitia, las costas o las fronteras, e incluso posibles niveles de corrupción o filtración de información.
Y tercero, evidencia debilidades estructurales. “Incluso análisis previos en Honduras muestran una brecha entre decomisos y judicialización, lo que refleja fallas en la persecución penal”, señala Licona.
La nueva cara del narco: menos visible, más efectiva
El fenómeno no se limita a cifras. También tiene que ver con cómo se mueve la droga. El mismo análisis regional advierte una evolución en las modalidades del narcotráfico marítimo.
Las organizaciones criminales ya no dependen únicamente de grandes cargamentos visibles, sino que incorporan esquemas más sofisticados: buques especializados, transbordos en alta mar y fragmentación de envíos.
Licona coincide. Para él, el crimen organizado se adapta más rápido que los Estados. “Las estructuras están optando por rutas menos vigiladas, cargamentos más pequeños y el uso de terceros países”, explica.
El resultado es claro: menos “grandes golpes” visibles, pero no necesariamente menos droga circulando.

Un país expuesto por su geografía y sus vacíos
Para el analista, Honduras mantiene una vulnerabilidad estructural frente a estas nuevas modalidades por al menos tres factores.
El primero es geográfico: un extenso litoral Caribe, amplias zonas selváticas en Gracias a Dios y una baja densidad institucional en territorios clave.
El segundo es operativo: el uso de lanchas rápidas, contenedores marítimos y rutas que ya han sido detectadas en envíos hacia Europa, incluso en cargamentos que pasaron por puertos de la región sin ser detectados a tiempo.
Y el tercero es tecnológico. El narcotráfico evolucionó con recursos provenientes de sus propias ganancias, incorporando métodos como semisumergibles o submarinos, que reducen la necesidad de tocar tierra y dificultan su detección por radar.
Más sofisticación, menos visibilidad
En ese escenario, el bajo número de incautaciones deja de ser una buena noticia. “Pocas incautaciones en un corredor tan activo no indican un éxito automático”, advierte Licona.
Por el contrario, pueden significar desplazamiento del narcotráfico, mayor sofisticación criminal, limitaciones institucionales para detectar la droga y, sobre todo, una menor visibilidad del flujo, no necesariamente una reducción del volumen.
Honduras no lidera las cifras, pero tampoco está fuera del circuito. Y en el negocio del narcotráfico, eso puede ser incluso más preocupante.
Porque cuando el movimiento deja de ser visible, no desaparece… simplemente se vuelve más difícil de detectar.
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