el ritmo imparable de asesinatos de mujeres en Honduras

41 feminicidios en 11 semanas reflejan una violencia extendida y una respuesta estatal que aún no logra contenerla.

Hay cifras que no deberían repetirse. Pero en Honduras, se repiten todos los días. A las mujeres las asesinan. Es el día a día. Así avanza el 2026: con un promedio de 0.66 muertes diarias y al menos 42 feminicidios registrados hasta finales de febrero.

No es una estadística aislada, es un ritmo. Un patrón que no da tregua y que, de mantenerse, podría cerrar el año con alrededor de 241 mujeres ultimadas, según organizaciones feministas.

No se trata de una proyección fría. Es la confirmación de que la violencia contra las mujeres, no se detiene.

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Un país donde el riesgo para las mujeres no tiene frontera

La violencia no distingue mapas. En los últimos días, los reportes se repiten en distintos puntos: colonias de la capital, comunidades en Yoro, sectores de Copán.

La misma escena, el mismo final, en lugares distintos. No hay una zona segura. Lo que antes parecía concentrarse en ciertos territorios hoy se dispersa. Se mueve.

Esa expansión, advierten analistas, obliga a repensar la respuesta del Estado, que sigue fragmentada frente a un problema que se comporta como una red.

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Violencia que se vuelve costumbre

Lo más alarmante no es solo la cifra. Es la repetición. Desde 2002 hasta febrero de 2026, más de 8,500 mujeres las asesinaron en Honduras. Y en más del 95% de los casos, no hubo justicia.

Eso significa que la mayoría de los crímenes no tuvo consecuencias. Desde el Observatorio Nacional de la Violencia se confirma que esta no es una crisis reciente.

Entre 2005 y 2025, se contabilizaron 8,008 muertes violentas de mujeres. Casi la mitad eran adultas, pero también hay jóvenes, niñas y mujeres mayores en ese registro.

El patrón se repite: en el 66.4% de los casos el instrumento de muerte fue un arma de fuego. Y en más de la mitad, el crimen ocurrió en la vía pública.

La ley que aún no llega

Mientras las cifras avanzan, hay una herramienta que sigue en espera: la Ley de Alerta Morada.

La propuesta busca activar de inmediato la búsqueda de mujeres desaparecidas, sin tiempos de espera, sin trámites que retrasen lo urgente. La idea es simple: actuar antes de que sea tarde.

Pero en 2026, la iniciativa sigue en discusión. Colectivos de mujeres insisten en que el país no puede seguir reaccionando después del crimen. “La prevención no puede seguir siendo una promesa”, dice Merlin Eguigure del Movimiento Visitación Padilla.

Las organizaciones coinciden en algo: mientras las respuestas sigan siendo reactivas, las cifras seguirán creciendo.

Se necesitan recursos, coordinación, voluntad política. Pero sobre todo, decisiones que no lleguen cuando ya no hay nada que salvar.

Porque detrás de cada número hay una historia que no terminó como debía.

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