20 masacres y 69 muertos en 40 meses de impunidad

El Conadeh advierte que la impunidad y el miedo empujan a comunidades enteras al desplazamiento forzado.

En Yoro, el silencio no es ausencia de ruido. Es lo que queda después. Después de los disparos, de las carreras, de los gritos que nadie quiere recordar. Es el silencio que se instala en las calles vacías y en las casas donde ya no vuelve alguien.

En los últimos 40 meses, ese silencio se repitió al menos 20 veces. Veinte escenas distintas, en municipios distintos, pero con el mismo final: tres o más cuerpos tendidos, familias rotas y una pregunta que siempre queda sin respuesta.

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Yoro y un conteo que no debería existir

Los números son fríos, pero en Yoro pesan. Sesenta y nueve personas asesinadas en esas 20 masacres.

Más de una docena de heridos. Más de medio centenar de hombres, siete mujeres y al menos media docena de niñas y niños. Cada cifra es una historia que se detuvo de golpe.

El departamento, ubicado entre el centro y el norte del país, se convirtió en el segundo con más muertes múltiples en Honduras, solo detrás de Francisco Morazán.

Pero aquí, en estos municipios, las cifras no se leen en informes: se viven en carne propia.

Yoro
Las cifras reflejan la magnitud de la violencia en Yoro, uno de los departamentos más golpeados por las masacres en Honduras. Diseño con IA.

Municipios marcados por la violencia

El Progreso y Olanchito aparecen una y otra vez. Cuatro eventos cada uno. Victoria y El Negrito, tres. Morazán y Sulaco, dos. Santa Rita y la cabecera de Yoro, uno.

La violencia no llegó de golpe. Se fue instalando. Primero como un hecho aislado, luego como noticia recurrente, hasta convertirse en una certeza incómoda: puede volver a pasar.

Y pasa.

El patrón que se repite

Diciembre de 2022 marcó dos eventos. Luego vinieron cuatro en 2023. Cinco en 2024. Seis en 2025. Y en lo que va de 2026, ya suman tres.

No hay pausa. No hay tregua. El fenómeno, advierte el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), ya no es excepcional.

Las muertes múltiples, las llamadas masacres, forman parte del capítulo habitual de la violencia en Honduras.

En todo el país, 112 hechos de este tipo se registraron en 16 de los 18 departamentos. Pero más de la mitad se concentran en cuatro: Francisco Morazán, Yoro, Cortés y Olancho.

Yoro
Patrullas policiales resguardan la escena tras un ataque múltiple en Yoro, donde la violencia se repite sin freno y deja comunidades en zozobra. Foto: Policía Nacional.

Vivir con miedo

El problema no es solo la muerte. Es lo que deja. El Conadeh advierte que el clima de terror se convirtió en el “abono” para el desplazamiento forzado.

Familias enteras que deciden irse antes de que les toque. Antes de que su nombre se sume a la lista.

En Yoro, esa decisión no siempre se toma en voz alta. A veces se toma en silencio, en la madrugada, cuando alguien empaca lo poco que puede y se va sin despedirse.

Impunidad: la constante

Hay algo que atraviesa todos estos casos: la falta de respuestas. El organismo de derechos humanos cuestiona el alto grado de impunidad.

Quienes cometen estos crímenes lo hacen sabiendo que, en muchos casos, no habrá consecuencias.

No hay capturas que cierren historias. No hay justicia que repare. Solo expedientes abiertos y comunidades que aprenden a vivir con la incertidumbre.

El 2026 apenas comienza y ya deja cinco muertes múltiples en el país. Tres ocurrieron en Yoro. Las otras en Atlántida y Lempira. Al menos 20 personas murieron.

La tendencia no cambia. Aquí, en Yoro, la vida parece estar siempre en la mira. Y la pregunta ya no es qué pasó, sino cuándo volverá a pasar.

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