170 muertes destapan la crisis vial en 2026

Más de 170 muertos en semanas revelan una emergencia vial que golpea vidas y la economía nacional.

Las carreteras de Honduras no solo conectan ciudades; también están conectando historias de dolor. El 2026 comenzó con cifras que estremecen: en lo que va del año, más de 170 personas han muerto en accidentes de tránsito.

Lo que ocurre en las vías ya no puede verse como hechos aislados, sino como una pandemia silenciosa que avanza sin cuarentena ni descanso.

No hay día sin luto. No hay semana sin funerales. En Olancho, un joven de 18 años fue embestido por un camión cuando intentaba cruzar la calle junto a una mujer.

En Tegucigalpa, el abogado, Santiago Moncada, de 62 años, murió atropellado en el Anillo Periférico. Padecía Alzheimer, lo que añade una dimensión profundamente humana a la tragedia: vulnerabilidad, confusión y un entorno vial que no perdona errores.

En Santa Rosa de Copán, otro joven fue arrollado por una cisterna. En San Pedro Sula, la maestra de inglés Keyla Palacios falleció al impactar contra una rastra en el Segundo Anillo.

En la CA-5, un motociclista murió tras invadir el carril contrario y chocar de frente con un vehículo pesado. Cada nombre es un hogar roto. Cada cifra es una silla vacía.

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Muertes por accidentes de tránsito y las cifras que alarman

Las estadísticas son contundentes. Esas 170 muertes proyectan un año crítico si la tendencia no se frena. La imprudencia al volante, el exceso de velocidad, las fallas mecánicas y la falta de prevención siguen siendo detonantes repetidos en los informes oficiales.

Pero la tragedia no termina en la carretera. Continúa en los quirófanos. Desde el Hospital Escuela advierten que la totalidad de los pacientes ingresados en emergencia por trauma son víctimas de percances viales.

El 80 % corresponde a motociclistas. Jóvenes, en su mayoría, que salen a trabajar y regresan en ambulancia.

Un solo paciente con politraumatismo puede representar un gasto superior al millón de lempiras, con hospitalizaciones que se prolongan hasta seis semanas.

Cada cama ocupada por un accidente prevenible es un recurso que no está disponible para otras urgencias.

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La cifra no bajó: 2025 cerró con más víctimas en las carreteras, confirmando una tendencia que sigue cobrando vidas en Honduras. Diseño con IA.

Motociclistas: el rostro más vulnerable de la crisis vial

El auge de motocicletas como medio de transporte económico multiplica el riesgo. La Dirección Nacional de Vialidad y Transporte (DNVT) reconoce la gravedad del escenario y trabaja en medidas para reducir la siniestralidad, entre ellas la obligatoriedad de chalecos reflectivos en horario nocturno.

Sin embargo, la norma por sí sola no cambia conductas. Exceso de velocidad, invasión de carril y maniobras temerarias forman parte de una cultura vial frágil, donde la prisa suele imponerse al sentido común.

En un país con infraestructura desigual y controles limitados, el margen de error es mínimo. Y el error se paga con la vida.

Impacto económico de los accidentes de tránsito en Honduras

La pandemia silenciosa no solo se mide en ataúdes. También en millones. Según el presidente de la Federación Internacional del Automovilismo en Honduras, Sebastián Pastor, la siniestralidad vial representa entre el 5 % y el 10 % del Producto Interno Bruto.

Traducido a números: aproximadamente 2,500 millones de dólares anuales. Es dinero que se diluye en reparaciones, hospitalizaciones, medicamentos, incapacidades laborales y productividad perdida. Es un golpe directo al desarrollo nacional.

Una crisis de salud pública y derechos humanos

Expertos coinciden en que la crisis vial no es únicamente un problema de tránsito. Es un asunto de salud pública, derechos humanos y desarrollo.

Cada accidente prevenible es una falla colectiva: del conductor, del sistema de control, de la educación vial y de la infraestructura.

Mientras las cifras continúan en ascenso, Honduras enfrenta una pregunta incómoda: ¿cuántas muertes más son necesarias para que el país asuma que esta pandemia no lleva virus, pero sí devastación?

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