
En Honduras, ser mujer sigue significando ganar menos. La brecha salarial persiste incluso entre quienes trabajan y estudian.
En Honduras, la desigualdad no empieza en la falta de empleo, sino en el salario. La mujer trabaja, produce y sostiene el hogar, pero gana menos y carga con más.
La brecha salarial no es una percepción: está en los números y se siente en la vida diaria.
Para julio de 2025, el ingreso promedio mensual de los hombres ocupados fue de 10,083 lempiras, mientras que el de las mujeres se quedó en 9,045 lempiras.
La diferencia parece pequeña en cifras, pero se vuelve enorme cuando se traduce en comida, transporte, educación y salud.
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Mujer: cuando el hogar depende de ellas, el margen se reduce
La desigualdad salarial golpea con más fuerza a los hogares encabezados por mujeres, revela la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples (EPHPM) de julio de 2025.
El ingreso per cápita mensual en estos hogares es de L 4,650, frente a L 4,998 en los hogares con jefatura masculina.
Esto significa menos capacidad de ahorro, mayor vulnerabilidad ante emergencias y una vida constantemente al borde.
En muchos casos, son mujeres que sostienen solas a sus familias, combinando trabajo remunerado con labores domésticas no pagadas.
Ni estudiar más cierra la brecha
La educación mejora los ingresos, pero no corrige la desigualdad. Los datos muestran que, a medida que aumenta el nivel educativo, también crece la diferencia entre hombres y mujeres.
En los niveles básicos, los ingresos son similares. Pero al llegar a la educación media y superior, los hombres obtienen ingresos notablemente más altos.
Incluso con estudios universitarios, las mujeres siguen recibiendo menos, confirmando que el problema no es solo de formación, sino de estructura.
Sectores que pagan distinto según el género
El análisis por rama de actividad revela un mercado laboral segmentado. En sectores como agricultura, manufactura y comercio, los hombres concentran los ingresos más altos.
En otros, como administración pública, educación o servicios, las mujeres participan más, pero con salarios más ajustados.
Aunque existen excepciones donde las mujeres ganan más, estas no logran revertir el patrón general: el sistema sigue pagando menos por el trabajo femenino.
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Más trabajo, menos recompensa
A esta brecha se suma una carga silenciosa: el trabajo no remunerado. Las mujeres dedican más horas al cuidado del hogar, de los hijos y de adultos mayores, lo que limita sus oportunidades laborales y su capacidad de generar mayores ingresos.
Así, la desigualdad no solo se mide en lempiras, sino en tiempo, desgaste físico y emocional.
En Honduras, la brecha salarial no es solo un problema económico en la mujer: es una injusticia social que empuja a miles de mujeres a vivir con menos margen, más presión y mayor riesgo de pobreza.
Mientras el salario femenino siga valiendo menos, la igualdad seguirá siendo una promesa pendiente.