hondureños quedan varados en la frontera sur de México

hondureños quedan varados en la frontera sur de México

Hondureños están siendo expulsados desde Estados Unidos hacia Tenosique, Tabasco, México, sin ser retornados directamente a Honduras.

Las organizaciones de migrantes en Tenosique, Tabasco, encendieron las alertas: hondureños están siendo expulsados desde Estados Unidos hacia el sur de México, pero ya no son deportados directamente a Honduras. El retorno quedó truncado a mitad del camino.

Desde Tenosique, el destino final deja de ser responsabilidad de los Estados. Cada migrante debe arreglárselas como pueda: reunir dinero, buscar transporte y cruzar por su cuenta hacia Guatemala, con la esperanza de llegar a Honduras o, en muchos casos, evitar ese regreso.

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Hondureños en La 72: refugio en la incertidumbre

En medio de ese vacío institucional, el albergue La 72 es el único respiro. Ahí duermen, comen y piensan. No planifican un futuro: calculan riesgos.

La mayoría no quiere regresar a Honduras. No es una decisión impulsiva, es una respuesta al miedo, a la violencia y a la falta de oportunidades que los obligó a migrar en primer lugar.

Volver aseguran que significa, para muchos, regresar al punto exacto del que huyeron y no quieren en su mayoría volver.

Petén, tierra de paso y riesgo para los hondureños migrantes

El trayecto hacia Guatemala tampoco ofrece garantías. En Petén, organizaciones locales reportan la presencia de numerosos hondureños en situación de calle, atrapados entre fronteras, sin recursos ni protección.

Petén es una zona de tránsito marcada por delincuencia común y crimen organizado.

Migrantes y pobladores conviven bajo el acecho de extorsiones, secuestros y redes ilegales que ven en ellos presas fáciles. Aunque hay sectores con presencia policial, la seguridad es frágil y momentánea.

La ruta que nadie protege

El cruce entre México, Guatemala y Honduras se transformó en una ruta cada vez más peligrosa, dominada por coyotes, estructuras criminales y abandono estatal.

Los migrantes avanzan con miedo, endeudados, vigilando cada paso, sabiendo que cualquier error puede costarles la vida o la libertad.

No hay escoltas, no hay corredores humanitarios, no hay acompañamiento oficial. Solo decisiones forzadas.

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Cuando volver ya no es opción

Estos hondureños no están regresando a casa: están siendo expulsados a la deriva. Entre Tenosique y Petén se configura un nuevo rostro de la migración: el del migrante que no lo recibe nadie, que no pertenece a ningún país y que debe sobrevivir en tránsito permanente.

La pregunta ya no es por qué se fueron. La pregunta es cuánto más puede resistir alguien cuando incluso el retorno se vuelve una amenaza.

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