la red silenciosa que amplía el mapa criminal en Honduras

la red silenciosa que amplía el mapa criminal en Honduras

Un informe regional sobre redes criminales transnacionales ubica a Los Huistas, una estructura de narcotráfico con raíces guatemaltecas.

Durante años, Honduras es mencionada en informes de seguridad regional como territorio de operación de las pandillas Barrio 18 y MS-13. Sin embargo, un reciente análisis sobre redes criminales transnacionales en América Latina y el Caribe introduce un elemento distinto y más inquietante: la presencia operativa de Los Huistas.

Esta es una estructura de narcotráfico con origen en Guatemala que expande su radio de acción hacia suelo hondureño.

El informe Redes criminales transnacionales en América Latina y el Caribe; tipologías, resiliencia y patrones de cooperación (2015–2025), clasifica las redes criminales e identifica a Los Huistas operando en Guatemala, México y Honduras, junto con el Barrio 18 y MS-13 en territorio hondureño.

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Los Huistas: del altiplano guatemalteco al corredor hondureño

A diferencia de las pandillas centroamericanas, Los Huistas no se estructuran alrededor del control barrial ni de la extorsión como eje central.

Su lógica responde al negocio del narcotráfico, aprovechando zonas fronterizas, rutas rurales y debilidades institucionales para mover droga a escala regional.

El informe los ubica operando en Guatemala, México y Honduras, lo que coloca al país dentro de un corredor estratégico que conecta Centroamérica con los grandes mercados ilícitos.

Esta mención no señala a Honduras como origen de la red, pero sí como territorio funcional dentro de su estructura criminal.

Los Huistas no son una estructura reciente. La organización ha estado vinculada al tráfico de drogas en el departamento fronterizo de Huehuetenango, Guatemala, desde finales de la década de 1990.

Desde finales de la década de 2010, varios de sus miembros han sido objetivo de investigaciones y acciones judiciales por parte de las autoridades de Estados Unidos y Guatemala, debido a su rol en redes de narcotráfico regional.

Los Huistas han ganado un alto nivel de autonomía operativa. De acuerdo con autoridades, la organización dejó de limitarse al transporte de drogas y amplió su rol dentro de la cadena criminal.

Incursionan en la importación de precursores químicos desde China y en la producción de metanfetamina destinada a mercados internacionales.

Además, mantiene control sobre cultivos de amapola en zonas montañosas de Guatemala, utilizados para la producción de heroína y ahora trasladan operaciones a Honduras.

Barrio 18 y MS-13: un fenómeno conocido, pero persistente

El documento también reafirma una realidad ya documentada: Honduras continúa siendo territorio de operación de Barrio 18 y la MS-13, ambas con presencia histórica y expansión transnacional hacia Guatemala, México y Estados Unidos.

Estas estructuras mantienen economías ilícitas basadas en la extorsión, el narcotráfico y el sicariato, y son descritas como redes jerárquicas con alta capacidad de adaptación.

Su mención no sorprende, pero sí confirma que Honduras sigue siendo un eslabón activo dentro de estas dinámicas criminales regionales.

De pandillas a redes: una transformación silenciosa

Lo relevante del informe no es solo enumerar actores criminales, sino mostrar una evolución del fenómeno.

Honduras ya no aparece únicamente como escenario de pandillas urbanas, sino como espacio donde coexisten estructuras de distinta naturaleza: pandillas transnacionales y redes de narcotráfico más sofisticadas.

La llegada operativa de Los Huistas sugiere una diversificación del crimen organizado en el país, con organizaciones que priorizan rutas, logística y alianzas regionales sobre el control visible del territorio urbano.

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Honduras, un país en el radar regional

El informe no acusa a Honduras de dirigir redes criminales ni la coloca como centro de mando. Pero sí la ubica, con claridad, como territorio de operación dentro del engranaje regional del crimen organizado.

Ese matiz es clave: el país aparece no como protagonista, sino como escenario estratégico, donde confluyen estructuras con distintos niveles de organización y alcance.

La presencia de Los Huistas refuerza una alerta que va más allá de lo conocido y obliga a mirar el fenómeno criminal hondureño desde una lógica regional, no solo local.

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