Honduras pierde bosques a un ritmo que la reforestación no logra frenar

Honduras pierde bosques a un ritmo que la reforestación no logra frenar

Honduras ha creado leyes, instituciones y programas para proteger sus bosques, pero un informe advierte que no bastan para frenar la pérdida forestal.

Desde el aire, Honduras aún parece un país cubierto de verde. Más de la mitad de su territorio mantiene algún tipo de cobertura forestal. Pero esa imagen empieza a desdibujarse cuando se revisan los datos oficiales que el propio Estado entregó a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sobre los bosques.

El informe Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2025 (FRA 2025) confirma una tendencia que no se logra revertir:

Honduras sigue perdiendo bosque más rápido de lo que logra recuperarlo, pese a los programas de reforestación y restauración impulsados en los últimos años.

La cifra que pesa: más bosques perdidos que recuperados

Los números son claros. Entre 2015 y 2020, Honduras registró una pérdida neta de más de 80 mil hectáreas de bosque por año.

Aunque en el período 2020-2025 la cifra baja, la pérdida sigue siendo severa: más de 50 mil hectáreas anuales desaparecen del mapa forestal del país.

En contraste, los esfuerzos de reforestación y regeneración natural, que incluyen plantaciones certificadas y procesos de recuperación del bosque, apenas alcanzan un promedio cercano a las 2,500 hectáreas por año, una cifra insuficiente frente a la magnitud del daño.

La ecuación no cierra: se planta, pero se pierde mucho más.

De interés: BCIE impulsa la energía limpia que protege los bosques hondureños

Reforestar no basta cuando la frontera avanza

El informe identifica que la principal causa de la pérdida forestal sigue siendo la conversión de tierras boscosas a otros usos, especialmente agricultura, ganadería, asentamientos humanos y expansión de actividades productivas.

No se trata solo de árboles talados. Cada hectárea perdida implica:

  • Menor capacidad de regulación del agua
  • Mayor vulnerabilidad ante sequías e inundaciones
  • Suelos degradados
  • Comunidades rurales más expuestas al hambre y la migración

La deforestación, advierte el documento, es un proceso acumulativo que termina afectando la seguridad hídrica, alimentaria y climática del país

El vacío que alarma: Honduras no sabe cuántos bosques primarios tiene

Uno de los datos más reveladores del informe no es una cifra, sino una ausencia. Honduras no cuenta con información para estimar la superficie de bosques primarios, es decir, aquellos ecosistemas que no se alteraron significativamente por la actividad humana.

La falta de datos sobre estos bosques, los más valiosos para la biodiversidad y la captura de carbono, evidencia debilidades estructurales en el monitoreo ambiental, especialmente en zonas remotas como La Mosquitia y áreas protegidas de difícil acceso

Manglares: estabilidad en cifras, presión en el territorio

En el caso de los manglares, el informe reporta una cobertura prácticamente estable durante las últimas décadas, con alrededor de 52 mil hectáreas a nivel nacional. Sin embargo, esta aparente estabilidad no significa ausencia de riesgo.

Los manglares continúan bajo presión por la expansión de camaroneras, el desarrollo turístico y el cambio climático, factores que no siempre se reflejan de inmediato en las estadísticas, pero que degradan silenciosamente el ecosistema.

Lea también: Bosques arrasados en La Mosquitia: capturas y desalojos por tala ilegal

Los bosques en Honduras, un futuro en disputa

Más allá de la cobertura, el informe muestra que el volumen de biomasa forestal y la capacidad de los bosques para almacenar carbono fluctúan, reflejando el impacto directo de la deforestación y la degradación.

Cada bosque perdido es también una oportunidad menos para enfrentar el cambio climático, en un país altamente vulnerable a sequías, tormentas extremas y pérdida de cosechas.

Honduras creó leyes, instituciones y programas para proteger sus bosques. El informe reconoce esos esfuerzos. Pero también deja claro que no son suficientes para frenar la tendencia.

Mientras la reforestación avanza lentamente, la deforestación marca el ritmo. Y en esa carrera desigual, el país no solo pierde bosques: pierde agua, biodiversidad y futuro.

La pregunta ya no es si Honduras está reforestando. Es si podrá hacerlo lo suficientemente rápido antes de que el país desaparezca.

Leave a Comment