
En las horas más tensas del proceso electoral hondureño, una llamada desde Washington cambió el rumbo. La advertencia fue directa y el destinatario claro: el jefe de las Fuerzas Armadas, Roosevelt Hernández.
Cuando la crispación política amenazó con desbordarse, desde Washington se activó una maniobra silenciosa. No fue un comunicado público ni una nota diplomática: fue una llamada directa al general Roosevelt Hernández, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras.
De acuerdo con lo relatado por Infobae, el mensaje desde la administración de Donald Trump fue inequívoco: no romper filas, no cruzar límites y no alterar el curso del proceso electoral. La reacción fue inmediata. Hernández se cuadró.
Del discurso interno del general, a la alarma institucional
Antes de los comicios, el general Hernández, según relatan subalternos, instruyó a sus tropas con una frase que encendió las alertas: “No arriesguen sus vidas el día de las elecciones”, una versión que después el propio Hernández desmintió.
Pero, para sectores políticos y observadores, esa orden contrastó con la doctrina aplicada en procesos anteriores, donde la consigna era proteger las urnas y el material electoral hasta su retorno al Centro Logístico Electoral del CNE, incluso bajo riesgo.
La preocupación no era menor. El artículo 272 de la Constitución establece con claridad que las Fuerzas Armadas son responsables de la custodia, transporte y vigilancia de los materiales electorales.
Cualquier ambigüedad en esa misión abría la puerta a sospechas y a un vacío de autoridad.
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El antecedente de las elecciones primarias que debilitó la confianza
Las dudas se amplificaron por lo ocurrido en las elecciones primarias del 9 de marzo. El retraso en la entrega de urnas provocó caos en varios centros de votación y expuso fallas graves en la logística militar.
Un informe interno señaló irregularidades, pero posteriormente se modificó por orden del propio general Hernández para eximir de responsabilidad a varios mandos.
Ese antecedente dejó a las Fuerzas Armadas bajo una lupa intensa en la antesala de las generales.
La OEA y el recordatorio de la neutralidad
En medio de ese clima, la Organización de Estados Americanos intervino con un llamado público: las Fuerzas Armadas debían mantener un rol apolítico y no deliberante.
La misión de observación electoral, encabezada por Eladio Loizaga, subrayó que el respeto al mandato constitucional era clave para la credibilidad del proceso.
El pronunciamiento llegó tras un hecho sin precedentes: el general Hernández solicitó al Consejo Nacional Electoral una copia del acta con los resultados de la fórmula presidencial durante la jornada de votación.
Para la presidenta del CNE, Ana Paola Hall, esa petición fue una injerencia directa.
Choques públicos y presión internacional
Las tensiones no se limitaron a lo institucional. En los días previos a la elección, Hernández protagonizó disputas públicas con una consejera del CNE y lanzó ataques contra periodistas y propietarios de medios, a quienes calificó como “sicarios de la verdad”.
Esos choques elevaron la temperatura política y reforzaron el temor a una intervención militar indebida.
Fue en ese escenario, con el país al borde de una crisis de confianza, que Estados Unidos decidió actuar.
La llamada bastó. No hubo despliegues extraordinarios ni comunicados altisonantes. Solo una advertencia clara desde Washington.
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El retiro del general Roosevelt Hernández
El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Roosevelt Leonel Hernández Aguilar, y otros 28 altos oficiales pasarán a condición de retiro al finalizar 2025, tras cumplir 35 años de servicio.
La decisión quedó oficializada mediante el Acuerdo JEMC-S.G. No. 032-2025 y responde, según la institución, a un proceso ordinario de renovación estratégica avalado por la Dirección de Recursos Humanos (C-1).
Hernández Aguilar precisó que su salida operativa será el 18 de diciembre, aunque la baja administrativa se formalizará el 31.
Hernández anticipó ajustes en la ceremonia de traspaso de mando por el calendario festivo.
Con este movimiento, la cúpula castrense abre una reconfiguración interna que definirá la estructura de poder rumbo a 2026.
Es un cambio que sin duda pone punto final a una generación que ocupó posiciones clave durante más de tres décadas.
La señal que contuvo el pulso
El resultado fue un repliegue calculado. El general se alineó, las Fuerzas Armadas redujeron el ruido político y el proceso siguió su curso sin quiebres mayores.
La maniobra, discreta pero efectiva, dejó una lección contundente: en Honduras, cuando la institucionalidad tiembla, una llamada desde el norte aún puede inclinar la balanza y evitar que la tensión se convierta en ruptura.